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domingo, 28 de diciembre de 2014
El Grinch que nos quitó la Navidad
Esta navidad de 2014 ha tenido una importante diferencia con todas las anteriores; y no me refiero al discurso del nuevo rey, Felipe VI, con su bandera de España a 19 metros de distancia, lateralizada y desaparecida de plano. Esta navidad, los profesores andaluces hemos pasado la nochebuena y la comida de Navidad sin haber cobrado nuestro exiguo sueldo.
Acostumbrados como estábamos a percibir el insuficiente salario el día 23 de diciembre, justo a tiempo para comprar vino y gambones congelados, ese ansiado día llegó; y en nuestras penosas cuentas corrientes no hubo nada. Ni el 24. Ni el 25, claro: era fiesta! Ni el 26, día laborable. El 27 y 28, sábado y domingo respectivamente, tampoco hubo ingreso alguno. Y el 29... quién lo sabe? El caso es que no hemos cobrado.
Los demás funcionarios de la Administración sí lo han hecho. Y,por supuesto, los 30,000 enchufados de la Administración paralela, también! Claro que sí! Cualquiera se atreve a dejar a éstos in albis durante la primera mitad de la navidad! Para que empiecen a sacar los trapos sucios a la luz! No, no: a éstos hay que mimarlos! Si no, a ver cómo se sigue desviando dinero público!
Pero a los profesores... A los profesores de la Pública, interinos incluidos, nos han dejado con una mano delante y otra detrás. Después de habernos rebajado el sueldo un 25% desde hace cuatro años; después de habernos aumentado el número de horas casi un 20%; después de habernos robado nuestras pagas extra de navidad y verano desde hace tres años... Ahora, en diciembre de 2014, nos han dejado al pie de los caballos: al pie de los renos de Papá Noel.
Ha sido un duende malo: la Dama Blanca; el Grinch socialista. Jamás habría ocurrido esto sin la aprobación de la Dama Blanca, Susana Díaz, la Presidente de la Junta. Henchida de sí misma, pavoneándose por los enmoquetados pasillos de la Moncloa en su última entrevista con Rajoy para pisar el cuello de su inminente víctima Pdro Snchz, la Dama Blanca ha dado el nihil obstat a esta enésima humillación de los docentes andaluces; ha permitido que pasemos la nochebuena y la Navidad sin un céntimo de euro. Sin avisar; sin encomendarse a Dios ni al Diablo; sin un rumor en el horizonte que permitiera vislumbrarlo, la Killer de Triana nos ha puesto su zapato blanco de Manolo Blanik en el cuello a todos los desgraciados que en un mal día decidimos dedicarnos a la Enseñanza en Andalucía.
Ya no es sólo por el sueldo, que no ha llegado en su momento, sino porque llevamos años soportando un sobreesfuerzo estúpido desde que se creó la Agencia de Evaluación Educativa, ese ente paralelo, ese monstruo burocrático, ese apparatchik kafkiano que, espinosianamente, persevera en su ser con el único objetivo de justificarse a sí mismo, de corroborar la necesidad de su existencia a base de inundar a los profesores con absurdos papeles que rellenar, estúpidas estadísticas que construir, infames datos que falsear y repulsivos éxitos que fingir. Quizás debiera intervenir Greenpeace, porque el gasto inútil de papel que exige esta Agencia ilegal a los profesores andaluces está acabando con los árboles de la Amazonia!
Andalucía es la vergüenza del Informe PISA cada tres años! Estamos a la cola en Educación. Tenemos los alumnos peor preparados de España, siendo España uno de los países con peores resultados académicos de Europa! A quién queremos engañar? Los socialistas andaluces, después de 36 años de régimen mafioso, han conseguido que nuestros hijos sean, técnicamente, unos analfabetos funcionales! La Consejería de Educación andaluza debería aparecer en el Libro Guinness de los Récords como la más inútil de las estructuras administrativas del mundo! Y si a ello añadimos la aparición de la Agencia de Evaluación Educativa, cuyo lema debería ser "Evalúa, o muere!" y que fue declarada ilegal por el TSJA en 2012, la cosa es para hacer una apresurada maleta y salir huyendo hacia países con más respeto por la Enseñanza; países como Somalia o Afganistán!
Lo que antes se conocía como "libertad de Cátedra" (expresión algo rimbombante: todo sea dicho), también condensada en la sentencia popular "cada maestrillo tiene su librillo", y que no es más que la confianza en la capacidad docente de cada profesor, se calcina en esa pira funeraria que ha elevado la junta de Andalucía en cada colegio, en cada instituto, en cada conservatorio. Al espanto que supone enfrentarse a niños, cuyos padres a menudo desprecian la labor docente, hay que sumar el infierno de una Agencia paralela ilegalizada por el Tribunal de Justicia y que sigue actuando como si nada: un organismo ilegal que ha usurpado las funciones docentes de los que han estudiado una carrera universitaria y que obliga a profesores y maestros a rellenar cientos de informes, miles de papeles, decenas de estadísticas con las que maquillar los resultados obtenidos para ofrecer una imagen idílica que en nada se parece a la realidad educativa andaluza. Pero ojo: es ya un maquillaje forense; porque a la vista está que la Enseñanza en Andalucía es un cadáver. Y huele.
Nunca ha habido peores resultados académicos que ahora! Jamás se habían alcanzado los niveles de subdesarrollo intelectual que padecemos en Andalucía. Y, paradójicamente, nunca han coexistido tantos organismos dedicados a "vigilar la Enseñanza": organismos que han derivado en una persecución estalinista a los profesores, impidiéndonos calificar según nuestros criterios, presionándonos para que aprobemos a mansalva con el estúpido objetivo de obtener unos resultados a todas luces falsos con los que construir una Arcadia feliz llena de faunos y ninfas, de fuentes cristalinas y locus amoenus en los que bailen, al son de la flauta de Pan, los Viceconsejeros de Educación, tocados de guirnaldas!!!
Pero qué estamos haciendo? Dónde queda el respeto arcano por los profesores? En qué lugar se perdió para siempre el amor por los que enseñan? Pero qué universo educativo es éste?
La última muestra de este desprecio no es que nos hayan robado durante los últimos tres años todas las pagas extra (que no son extra, porque están prorrateadas de nuestro sueldo!); ni que nos hayan bajado el poder adquisitivo en casi un 30% en los últimos cuatro años; ni siquiera que nos hayan aumentado casi un 20% las horas lectivas. No! La última bofetada moral ha sido que llegue la Nochebuena y no nos paguen! Pero no ya la extra, sino nuestro mísero sueldo! El último escupitajo en la cara es que hayan dejado que llegue la Navidad sin que cobremos. Porque hay hogares que dependen de un único salario: el del maestro de escuela o la profesora de instituto; el del profesor de FP o la profesora de violín.
Tengo amigos que se han ido fuera de Andalucía a pasar la navidad con su familia y están allí sin salir a la calle con sus hijos porque no tienen un puto duro en la cuenta! Compañeros que van a tener que pedir dinero prestado a sus padres para echar gasoil y volverse! Conozco gente que no ha podido comprar a sus hijos el regalito de Papá Noel (menuda americanada!) porque sencillamente no tienen un euro. Ni uno.
Yo mismo no tengo un duro en la cuenta. Es más: está en negativo, porque me han bloqueado los últimos 125€ que tenía para embargármelos por una multa de octubre de 2012. Dos años después, el Excelentísimo Ayuntamiento de Sevilla, esa ciudad-Medea en la que ya no vivo y de la que nada he recibido durante 50 años, paraliza mi esmirriada cuenta corriente para hacer por fin Justicia y cobrarse una discutible multa por aparcar de noche en donde de día aparca el chófer del Cónsul de Francia (quién me he creído yo que soy? Robespierre?).
Y no es ya que no tengamos dinero para la Nochebuena o para el día de Navidad, que no tenemos, sino que hemos planteado comprar nuestros miserables reyes pensando en que íbamos a cobrar nuestros misérrimos sueldos el 23... Y ahora son todo números rojos! Y bocados en las cuentas por estar en negativo! Porque los bancos nos penalizan por ser pobres, como ya saben ustedes: si tu cuenta está a menos equis, te cobran 35 pavos de penalización. Y todo ese dinero extra que van a ganar los bancos esta navidad correrá a la salud de la Consejera de Hacienda, la Montero, la misma zorra que vigila a los moribundos andaluces para que no hagan movimientos de cuenta un año antes de morir! Uno se pregunta si el PSOE andaluz también se lleva comisión de los bancos cuando éstos nos penalizan por no tener un duro!
Los sindicatos UGT y CCOO, en las elecciones andaluzas de la Enseñanza, han quedado relegados al último lugar; han desaparecido del mapa sindical en el mundo del profesorado; kaput; finito; addío! Se lo han ganado a pulso: no se puede pretender seguir al frente de los destinos de los profesores y llevárselo crudo como han hecho hasta ahora. Se les acabó el chollo en la Enseñanza! Pero se rumorea que este retraso inesperado en el pago de nuestros sueldos es una venganza terminal de estos reyes del marisco. Así van a ganar muchas elecciones! Están acabados. Pero sin la aprobación de la Presidente, esto jamás habría ocurrido.
Maldita sea Susana Díaz por permitir esta bofetada moral, este enésimo revés, esta patada emocional que nos lleva a los profesores a preguntarnos, más que nunca, qué coño estamos haciendo, a qué vino decidirnos por la vertiente educativa! Maldita sea la Consejera de Hacienda, que no quiso dar la orden de pago! Maldito el Consejero de Educación de la Junta, que lo consintió! Malditos los 35.000 enchufados de la Administración paralela, nido de víboras especializadas en desviar y malversar fondos públicos! Maldita sea la Presidente de la Junta, por dejarnos sin Navidad! Maldita killer trepadora; puto Grinch, que ha acabado con la Navidad de decenas de miles de profesores!
Deberíamos vengarnos. Deberíamos esperar a que pase el 6 de enero y, desde nuestras mesas de profesor, desde nuestras aulas, anunciar a todos los niños de Andalucía quién es el Grinch; quién es la Dama de Blanco; quién es la zorra que acabó con la Navidad. Podríamos vengarnos informando a nuestros alumnos en profundidad acerca de qué son los ERE falsos; qué, los cursos de formación; cómo se han gastado el dinero los sindicatos UGT y CCOO durante años; para qué sirve una Agencia como IDEA, o EGMASA; a qué se han dedicado en Invercaria; cuántos familiares de Chaves están colocaditos en sitios estratégicos; por qué huyó Griñán; quién ha colocado ahí a la Susánida...
Y, por supuesto, decirles a todos los chiquillos que los reyes son los padres.
...Podemos.
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lunes, 20 de octubre de 2014
...Había que destruir a Excalibur!!!
Primer Tranco
Todos
los cooperantes españoles que resulten afectados por una enfermedad o lesión en
el extranjero tienen derecho a ser repatriados urgentemente y cuentan con todas
las garantías de ser atendidos y cuidados en España. Y cuando digo cooperantes,
digo también misioneros y religiosos, cuya labor de ayuda en los países que
padecen miseria es extraordinariamente relevante.
Esto
no lo digo yo: lo dicen las Leyes españolas. Mi opinión al respecto –más bien,
los matices de la misma- puede ser más o menos polémica; pero, en definitiva,
asumo que, como españoles residentes en el extranjero, gozan de ese derecho y
deben ser, como marca la Ley, repatriados.
En
el caso del virus del ébola, la Ley no hace distingos: por muy agresivo que sea
el virus y por mucho que en España, ni en el resto del mundo, no se disponga de
un tratamiento que garantice la cura de esta infección mortal, los afectados
por el mismo, siempre que sean españoles y que manifiesten su voluntad de ser
repatriados para intentar curarse, serán traídos por el Gobierno de España con
todas las medidas de seguridad posibles para el resto de la población.
Los
misioneros Pajares y Viejo, ambos infectados, ambos religiosos, ambos
repatriados y ambos fallecidos tenían, pues, todos los derechos a regresar a su
país. Si los infectados hubieran pertenecido a las oenegés Médicos sin Fronteras, ACNUR o cualquier otra, habrían sido
igualmente repatriados y tratados hasta su cura o su muerte. El riesgo para la
población habría sido el mismo. Aunque me juego el cuello a que las protestas de
la vergonzante izquierda (la melancólica y la extrema) no habrían tenido lugar.
El hecho de que hayan sido dos religiosos ha azuzado los viejos fantasmas
anticlericales de los que aún se nutre nuestra penosa izquierda española, tan
obsoletos como ridículos hoy día.
La
habitación del último misionero fallecido no quería recogerla ni limpiarla
nadie; nadie del personal sanitario del Hospital Carlos III. Una voluntaria,
Teresa Romero, de hermoso nombre español, dio un paso al frente; le pusieron un
traje de astronauta en carnavales que tenía las mangas cortas; le explicaron en
un cursillo acelerado -a la española:
como se suelen hacer aquí las cosas- qué era lo que no debía hacer. Y veinte
minutos después, convertida en una experta en gestión de crisis
infecto-contagiosas, entró a recoger y limpiar la habitación en donde el misionero
había muerto tras grandes padecimientos.
Teresa
se tocó la cara con los guantes al quitarse el traje de astronauta. Se ve que
alguna sustancia húmeda le tocó las mucosas. Y se infectó. Luego, se fue a su
casa y comenzó sus vacaciones. Se empezó a sentir febril y decidió,
conjuntamente con su marido, un médico, dormir aparte de éste. Por si acaso.
Como
no mejoraba, fue a su médico de cabecera. No se atrevió a decir “hola, soy la
auxiliar de enfermería que ha estado en contacto con el padre Viejo, recientemente
muerto a causa del ébola en el Carlos III. Soy la que ha limpiado la habitación
del misionero tras su muerte”. Y, claro, la médico le recetó Paracetamol y la
mandó a casa.
Teresa regresó a su hogar; pero también fue a depilarse, como si
tal cosa! Y luego empezó a sentirse mucho peor. Una ambulancia la llevó de
nuevo al hospital y, por fin, la ingresaron. Le hicieron los análisis y… Bingo!
Tenía el ébola! Poco después, su marido, Javier Limón, médico, decide
ingresarse cautelarmente.
Lo
que vino después: medios de comunicación rabiosos; tuiteros alarmistas;
calumniadores calumniando; políticos reprochando a políticos; y el Consejero de
Sanidad (menudo pájaro!) metiendo la pata hasta las trancas y poniendo de
manifiesto qué significa no haber entendido nada acerca de qué sea la Política.
La
Ministra Ana Mato, tocada por la trama Gürtel –de la que aún no se ha
repuesto-, balbucía datos y posibilidades; e, incapaz de establecer un Comité
científico de urgencia con un experto que dirigiera toda la operación, tuvo que
ser sustituida (qué vergüenza!), in media
res, por la mismísima Vicepresidente del Gobierno, Soraya Sáenz de
Santamaría, cuya resolución y capacidad –qué hace esta mujer en el PP?- le
permitieron dar los pasos adecuados (más vale tarde que nunca!) para intentar
meter la situación en cintura y que no muriera toda la población española en un
mes (aunque aún no sabemos aún qué va a ocurrir en las próximas semanas).
En
mitad de este argumento de película alarmista norteamericana, la Comunidad de
Madrid, cuyo consejero, Javier Rodríguez (otro nombre netamente español, aunque
menos hermoso), ya había manifestado toda suerte de sandeces e inconveniencias,
decide entrar en la casa de Teresa Romero, en donde estaba tranquilamente
Excalibur, el perro del matrimonio, al que su dueño, antes de ingresarse
voluntariamente para que lo aislaran hasta que se vea si está o no infectado,
le había dejado unos cubos con agua, la bañera también llena de agua y comida
en abundancia. Pobre animal! La Comunidad de Madrid, como decía, decide entrar
en el piso de Teresa y Javier para sacrificar al perro, sin saber si está o no
infectado; sin detenerse a reflexionar si sería mejor analizarlo antes. Javier
se entera y graba un vídeo con el móvil, desde su aislamiento, pidiendo que no
sacrifiquen a su perro; lo publica y… arde Troya! Pérez-Reverte incendia las
redes con su genial tuit: “Propongo poner
el perro en observación y sacrificar a la ministra. No hay color.”
Corre
la voz en Twitter y se levanta, en cuestión de minutos, una campaña espontánea que
quiere evitar a toda costa el sacrificio de Excalibur: dueños de perros y gatos;
animalistas (qué será eso?); buenistas y perroflautas de todo jaez se
concentran a las puertas del domicilio de Teresa Romero y Javier Limón para
hacer frente a los asesinos de perros
enviados por la Consejería de Salud de Madrid y escoltados por los cuerpos de
Seguridad. Un follón de mil demonios que se salda con unos cuantos detenidos y
con Excalibur camino del ara sacrificial.
Esa
misma tarde, nos enteramos por Twitter (por qué otro medio, si no?) de que han
sacrificado e incinerado al pobre Excalibur. Pobrecillo! Y se monta la de Dios
es Cristo en las redes! #SalvemosaExcalibur
se convierte en trending topic
mundial!!! Todo el planeta Tierra está pendiente del sacrificio de un perrillo
de Alcorcón!!! La indignación de Occidente es total: la inoperancia española a
la hora de atajar una crisis sanitaria que puede acarrear gravísimas
consecuencias acaba haciendo mártir a un pobre animal doméstico al que ni
siquiera se le ha hecho un simple análisis de sangre!!! Spain is different. Por desgracia. Todavía.
Segundo Tranco
Excalibur era la espada del rey Arturo, como
ustedes sabrán. Una espada que, según la leyenda artúrica, estaba incrustada en
un yunque, y éste en una roca de mármol. Era imposible sacarla de donde estaba.
Sólo aquél que estuviera marcado por el Destino para llevar a los habitantes a
unirse en una gran nación, podría arrancarla de allí.
El
resto de la leyenda ya lo conocen: Arturo, que acude como escudero de su
hermano Kay, olvida la espada de éste en su casa y busca una espada que la
sustituya, pues Kay se ha presentado a luchar por el derecho a intentar
arrancar la que está incrustada en el yunque. Inocentemente, Arturo encuentra
cerca de donde se están celebrando las justas una espada clavada en una masa
del bosque. La arranca sin esfuerzo y se la lleva a su hermano. De inmediato,
todos reconocen que esa espada es Excalibur
y obligan a Arturo a volverla a clavar y a volverla a arrancar de allí, cosa
que vuelve a hacer ante los atónitos ojos de todos.
Lo
proclaman rey, aunque algunos señores feudales se niegan a reconocerlo como
tal. Arturo, entonces, comienza una serie de guerras locales y acaba con la
resistencia de los nobles levantiscos, consiguiendo así unificar el Reino y
establecer leyes y normas que darán origen a muchos años de paz y prosperidad.
Hasta
aquí, la leyenda. Por descontado, los historiadores están divididos: unos creen
que es sólo una leyenda; otros, hablan de un tal Artorius, un general romano establecido en Britania que comandaba
un ejército sármata; algunos dicen que era un tal Gowind no-sé-cuántos, un rey
del siglo II d.C., conocido por su arrojo y su inteligencia en el combate como Arth-gur (el hombre-oso); este Arth-gur existió realmente y realizó
gestas memorables. En cualquier caso, lo que me interesa no es la documentación
historiográfica (siendo apasionante, que lo es!), sino el significado de Arturo
y de su Excalibur.
El
rey Arturo representa el primer intento serio del pueblo que actualmente
conocemos como inglés (británico, más exactamente) para unificar un gran
territorio que caminaba lleno de conflictos, dotarlo de Leyes y articularlo
como una Nación; una Nación en la que tuvieron cabida los britanos, los anglos,
los sajones, los jutos, y en menor medida los celtas y los latinos; y todo esto
mucho antes de que los invadieran los normandos, ya en el siglo XI.
Arturo es la voluntad conciliadora; la inteligencia unificadora que desprecia
lo inútil de las guerras intestinas que a nada llevan más que a la parálisis
económica y social. Arturo arranca la espada Excalibur como quien arranca el inmovilismo y la pereza social de
todo un pueblo para blandirla como espuela que aguijonee la propia estima como
Nación. Arturo sobrepasa los rencores locales, las luchas feudales caprichosas
e insufla en sus súbditos el espíritu de la Ley, que a todos iguala. La Mesa
Redonda no es más –ni menos- que el símbolo de la voluntad del líder de vivir
entre iguales a costa de otorgar derechos a sus contemporáneos. Un escándalo!
Excalibur es la herramienta que simboliza la Auctoritas; la espada mágica que
contiene la energía vital capaz de dotar de contenido a un pueblo, de unificar
y articular las diversas culturas del momento en aras de un espíritu común.
Cuando Arturo perdió su espada, el Reino cayó en la Oscuridad. Es decir: una
vez perdida la Auctoritas, comienza a
hacerse uso de la Potestas, que, en
mi opinión, es sinónimo de Caos.
Tercer Tranco
La
situación que vive España, mi nación, se sostiene porque desde hace tiempo, mal
que bien, pertenecemos y estamos ligados con hilos invisibles a un concepto
superior que es Europa. De no ser así; de haber permanecido con moneda propia –la
peseta!- y sin los derechos y obligaciones que se derivan de compartir destinos
políticos con esa idea compleja y de difícil realización que es la Comunidad
Europea, la situación que vive España en estos momentos habría ya estallado en
forma de una nueva guerra civil u otro conflicto de graves consecuencias para
todos.
Porque
lo que ocurre en España, mi país, es de una gravedad y una complejidad que a
cualquier observador internacional le hace llevarse las manos a la cabeza: un
Estado que contiene 17 mini-Estados con toda su parafernalia y todo
su gasto; éstos, a su vez, llevan 30 años manejando el dinero público a oscuras
y sin posibilidad de vigilancia ni control alguno. Muchas de estas 17 repúblicas monárquicas (porque ésta es
la situación, por muy absurda que parezca) han construido y mantienen una
Administración paralela a través de la cual financian el partido político que
gobierna dicha región y, merced a la ausencia absoluta de control del gasto
público (la Administración paralela no tiene funcionarios, sino contratados arbitrariamente elegidos!),
se llevan enriqueciendo políticos, altos cargos, directivos, sindicalistas,
alcaldes, diputados, etc. desde hace nada menos que tres décadas! …El pueblo,
mientras, ve fútbol.
La
Justicia, durante estas tres décadas (la
Treintena Negra, como yo la llamo), ha vuelto la cara hacia otro sitio por
la sencilla razón de que hay jueces del Tercer y Cuarto turnos (nadie me
pregunte qué narices significa eso!) que han accedido a la Judicatura no por
oposición, sino por designación. Por designación… de los partidos políticos!!!
Se deben, pues, a éstos! Al igual que las Cajas de Ahorro, que fueron pobladas
y gestionadas por políticos de carné; en todas las Comunidades Autónomas. En
todas! Y han arruinado, con su interesada gestión, a los españoles. Nos han
llevado a la quiebra como país.
Los
casos de corrupción son innumerables, infinitos; las cifras de lo que nos han
robado a los españoles son astronómicas! Los medios de comunicación,
subvencionados (cuando no directamente comprados!) por grupos mediáticos
nacidos en el seno de los grandes partidos, pasan de puntillas ante cadáveres
calcinados y hediondos sin mencionarlos.
Mientras
tanto, la superioridad de la raza
catalana es expresada en innumerables demostraciones de capacidad
organizativa; la amenaza de secesión comienza a ser un hecho: el Gobierno de
Cataluña, financiado por el Estado español, crea una novísima Historia de
España, difunde un eslogan exitoso (Espanya
ens roba) y concentra todas sus fuerzas institucionales y mediáticas
(pagadas con el dinero de mis
impuestos) en proclamarse víctima y sentirse superior, simultáneamente: la
misma estrategia que puso en práctica Adolf Hitler; sólo que éste sí se basaba
en el penoso trato que habían
recibido los alemanes tras el ominoso
Tratado de Versalles, mientras que los nacionalistas catalanes fundamentan toda
su animadversión en una Realidad Paralela que jamás existió.
Con
una falsa Democracia, que no permite una verdadera representatividad del
ciudadano; con una Ley Electoral que castiga al español medio y favorece al
votante nacionalista; con una Constitución que, única en el mundo, establece
marcadas diferencias entre españoles
(el Fuero Navarro; la singularidad
catalana; el Concierto vasco); con una Ley de Partidos que blinda a éstos
contra cualquier intento de instauración de una verdadera Democracia; con un
Tribunal Constitucional que ha atentado contra la unidad de España en numerosas
ocasiones; con una Justicia que sistemáticamente protege a los ladrones de
cuello duro; con unos bancos que, pese a haber sido rescatados una y otra vez
con el dinero de todos, siguen sin dar crédito a los emprendedores; con una
izquierda enferma que presenta como lo más cool
del momento a unos discapacitados políticos que babean ante la figura hinchada
de Hugo Chávez; con una derecha en cuclillas en un rincón, preguntándose entre
balanceos insanos quién soy, quién soy; con unos nazis disfrazados de
guays cuyo fuero interno grita yo soy catalán y por lo tanto soy
superior a ti; con unas instituciones vascas, pagadas por todos los
españoles, que sienta en los escaños de su Parlamento a etarras mal reciclados;
y, enfín, con un Gobierno estupefacto que se pregunta cada día para qué sirve
la mayoría absoluta, aparece el virus del ébola en Madrid y al lumbreras de
turno no se le ocurre otra cosa que sacrificar a un pobre perro. Sin
analizarlo. Sin mediar palabra. Sin piedad. Sin explicaciones.
Tranco Final
Quién
arrancará la espada Excalibur del
yunque opresivo que conforma la estructura partidista y partitocrática española? Qué Arturo luminoso y certero podrá
blandir a Excalibur para traer a los
españoles una nueva Ley Electoral? Qué nuevo Artorius podrá abrir un proceso
constituyente del que resulte una joven Constitución que separe definitivamente
los poderes y arranque de sus entrañas los privilegios supuestamente históricos
como se arrancó el derecho de pernada?
España
necesita un nuevo Arturo que acabe con los nobles levantiscos, con los
nacionalismos, con las miserias regionales, con la corrupción que emana
inevitablemente de la ausencia absoluta de separación de Poderes; un líder
político que comprenda que la instauración del control entre los diferentes
Poderes garantiza la limpieza en las Instituciones. España necesita entender
que la desconfianza es el concepto
sobre el que se sustenta la verdadera Democracia, que aún no conocemos! Los
españoles tienen que volver a encontrarse con su Nación; y no porque ésta haya
sido la más extensa y poderosa del Orbe en su momento, sino porque tienen derecho a sentirse españoles, como los
franceses se sienten franceses y los norteamericanos, norteamericanos.
Pero,
de momento, no sólo no aparece en el horizonte figura alguna comparable a la de
Arturo, sino que nuestros miserables políticos, nuestros políticos pequeños han
entrado como una horda de bárbaros en el bosque, y como su incompetencia
manifiesta no les ha permitido arrancar la espada Excalibur, la han rociado con gasolina y la han calcinado.
La
supervivencia de todos éstos se basa en que no haya una Excalibur que blandir, ni un Arturo que la arranque de la piedra!
Que hayan sacrificado a ese pobre perro sin dar tiempo a análisis alguno no sólo
constituye un acto de despotismo sin precedentes (un perro es un miembro de la
familia), sino que establece una curiosa sincronicidad: había que destruir a
Excalibur como fuera!
Eduardo
Maestre
Jerez de la Frontera.
12
de Octubre de 2014.
Día de la Hispanidad.
Etiquetas:
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crisis,
dignidad,
España,
Independentistas,
partitocracia
jueves, 9 de mayo de 2013
Varias tallas más.
En el último año y medio (desde que Rajoy ganó las elecciones con mayoría absoluta), España ha sufrido cambios profundos; no tanto en su situación económica -los números; la cábala financiera- como en el elenco de nuevos personajes que pueblan el escenario social, entendiendo el término personajes como esos nuevos conceptos que se manejan con una familiaridad, a veces, pasmosa: prima de riesgo; rescate; objetivo de déficit; deuda pública; troika; apalancamiento; desapalancamiento... O esos otros, aún más vaporosos: derecho a decidir; paz social; afectados por la hipoteca; escrache; remodelación del Estado; devolución de las competencias; reforma de la Ley Electoral; República...
En la controversia clásica entre los lingüistas partidarios de que el pensamiento es anterior al lenguaje y aquellos otros que afirman que es el lenguaje el que construye el pensamiento, yo, desde mi primera clase en la Facultad de Filología, emocionado y aterrorizado a la vez por asistir a un encuentro masivo ante un profesor lejano y vivaz que nos proponía asomarnos al abismo, me decanté sin lugar a dudas por la segunda concepción del pensamiento. El viejo Humboldt, superviviente del Siglo de las Luces, lo explicaba maravillosamente: la adquisición de conceptos nuevos enriquece el pensamiento del Hombre; y con éstos, como nuevas herramientas, puede acceder a otros conceptos más complejos; así, la capacidad de profundizar en sistemas de pensamiento cada vez más elaborados permite al ser humano tomar decisiones, vivir su vida, emocionarse y crecer en muchas más direcciones -radialmente- que si manejara sólo los rudimentos básicos de una comunicación elemental.
Estos personajes en forma de conceptos que han enriquecido el lenguaje de los españoles durante este convulso año y medio, también han hecho crecer nuestra comprensión del mundo, del país en el que vivimos: han modificado nuestra percepción de España.
Ya sabemos todos que la prima de riesgo es un concepto que ya existía antes del cambio de Gobierno; incluso que existía antes de los primeros signos de la Gran Crisis. Pero no había dado el salto mortal que salva el barranco existente entre la jerga financiera y el lenguaje de la calle. La prima de riesgo, para el imaginario colectivo de los españoles, sencillamente no existía. Ahora no sólo existe, sino que existe mucho: está en las conversaciones de café con tostada en los bares; cada telediario, cada corte informativo de la radio nos informa detalladamente de la prima de riesgo española como si de la salud de un moribundo Jefe del Estado se tratara: está mejor; ha recaído; se le ha complicado con una neumonía...
No somos los mismos. No somos los mismos españoles ahora que hace un año y medio. Nuestra Soberanía ha sido puesta contra la pared en un callejón oscuro y, con una navaja arañándole el cuello, tiene que dejarse manosear, lamer lascivamente por alguien semioculto entre tinieblas; alguien que no nos va a asesinar, pero que no piensa retirarse hasta quedar satisfecho a base de extrañas solicitudes: reducir el déficit; recortar el gasto público; bajar la altura de las olas en nuestras costas; disimular el sofoco del sol mediterráneo...
A velocidad de vértigo, las ideas reformistas recorren la Península de extremo a extremo: la estructura del Estado ya no nos gusta; las Comunidades Autónomas se nos muestran de repente como una losa, como una maldición bíblica, como una inmensa mala yerba que hay que arrancar de raíz! La Ley Electoral ha quedado obsoleta; los ciudadanos no nos vemos representados en estos partidos políticos que en escasos treinta años han pasado de ser los héroes de nuestra modélica Transición a un puñado de bandidos. Los sindicalistas tienen que caminar por la calle levantándose la solapa de la chaqueta de pana, por miedo a ser linchados a manos de los trabajadores. La representación parlamentaria se contempla, en suma, como una parodia insultante: "no nos representan!", gritan las multitudes enfurecidas. Miles de perroflautas y de gentes del común se citan para cercar y asediar el Congreso, una y otra vez. Hombres y mujeres que son la imagen de la desesperación se dan la muerte a sí mismos ante la inminencia del desahucio.
En poco menos de año y medio han surgido toda suerte de plataformas, colectivos, lobbys, grupos de presión ciudadana: el 15M, la PAH, STOP Desahucios, Reconversión, Foro de la Sociedad Civil, Partido X, Escaños en Blanco, La Resistencia, Atrapa, DENAES, Jóvenes sin Futuro... Todos estos movimientos significan un anhelo de representación parlamentaria dignificante; algunos de ellos derivarán sin duda en partido político. Pero con qué Ley Electoral podrán sembrar su trigo? Con la misma Ley paródica y ya insultante que rechazamos en masa? Qué futuro les espera a tanto ciudadano deseoso de que haya verdadera Democracia, verdadera Política en España? Serán fagocitados individualmente por estos partidos ciegos que se niegan a rehacer por completo una Constitución desgarrada? Exasperados, ¿se pasarán al lado oscuro de la Fuerza y engrosarán las hordas que a sangre y fuego quieran arrasar no sólo el decorado sino el escenario, las bambalinas y hasta el patio de butacas?
No llega a seis meses el tiempo en el que Cataluña ha plantado públicamente sus pretensiones secesionistas con una claridad que en cierto modo es de agradecer. En mitad de la tormenta económica, los separatistas catalanes, perseguidos por un tropel de delitos contables que maquillan los jueces comprados que en el Condado abundan, huyen hacia delante y lanzan un guante a la cara misma del Estado. El Gobierno, entre pacato y ensimismado, no tiene siquiera la dignidad mínima que se requiere para recoger el guante; y, envainándosela, permite que el resto de los españoles sea insultado un día y otro; permiten que estos delincuentes fiscales y secesionistas nos llamen ladrones a diario en todos los medios de comunicación: dentro y fuera de España. No hay respuesta. No hay amor propio. Sólo silencio administrativo. Y estupor.
Es orgánicamente imposible que el mapa emocional de los españoles no haya cambiado drásticamente en este año y medio. Si, como dicen, la necesidad obliga a evolucionar, los españoles puede que seamos el pueblo que más rápida y profundamente esté evolucionando en todo Occidente. Nuestra idiosincrasia en cierto modo constructiva (el mayor banco de donación de órganos del mundo, que es el español, así lo atestigua) nos está permitiendo no llegar a revueltas sangrientas ni a violentas catarsis explosivas pese a la articulación organizada de las algaradas por la izquierda melancólica. Y con la derecha no hay nada que temer: la democratización medular a la que ha sido sometida durante estos últimos treinta años, profunda y visceral, permite que no se aliente al Ejército a hacer ruido de sables desde los despachos de los industriales; y si algún empresario añorante del franquismo se hubiera atrevido a hacerlo, de inmediato habría sido marcado como un apestado por el Ejército mismo.
Es imposible, como digo, que los españoles no seamos el pueblo que más ha aclarado sus ideas en estos últimos dieciocho meses. Con grandes pérdidas económicas; con altas piras funerarias en las que hemos sacrificado decenas de privilegios que hasta hace poco disfrutábamos. Nos han tildado de frívolos, de derrochadores, de vivir porencimadenuestrasposibilidades; hemos entregado la cuchara; nos hemos bajado los pantalones; hemos dejado de producir, de vender, de comprar, de viajar, de percibir las pagas extra, de tener una atención sanitaria mínima. Despedimos a nuestra juventud en aeropuertos desconchados, quizás para no verlos más.
Pero en ningún momento hemos dejado de reflexionar acerca del origen de nuestra desgracia. En ningún momento hemos apagado la luz de la débil pero digna antorcha que aún portamos en la mano, como un Filípides agonizante. Y con esa penumbra leve -que es casi tiniebla- hemos vislumbrado qué es lo que queremos para nosotros mismos y para nuestros hijos; y para los hijos de sus hijos. Y lo que queremos es detener esta máquina atascada que a cada vuelta de engranaje tose, humea y barrunta espantos de tristeza.
Queremos cambiar la Constitución de arriba abajo. Devolver las competencias esenciales al Estado. Desmontar ordenada pero irreversiblemente la macro estructura llena de aristas del experimento autonómico. Dejar de gastar decenas de miles de millones al año en políticos que realmente, verdaderamente, con la sonrisa eginética que otorga la certeza absoluta no necesitamos. Queremos cambiar la Ley Electoral de la raíz a las puntas. Elegir Diputados de Distrito: uno por cada 100.000 habitantes. Aplicar con todas las garantías la feliz y diamantina Separación de Poderes, verdadero bebedizo que acabará con la corrupción sistémica que padecemos. Necesitamos, es urgente, abolir las desigualdades entre los españoles: derogar el Fuero navarro y el Concierto vasco; que todos los ciudadanos sin excepción contribuyan al amejoramiento de la Nación. Queremos disminuir drásticamente el número desorbitado de municipios. Anhelamos, por dignidad también para ellos, quitarle el aforamiento a los políticos. Nos urge tipificar el Golpismo, el Fundamentalismo, el Terrorismo y el Nacionalismo como los cuatro grandes delitos de Estado que son. Y, agradeciendo los servicios prestados al Rey Don Juan Carlos, quizás declarar la República; sin más miedo que el de que nos quieran retrotraer a los oscuros años en que nos vimos obligados a tomar aquellas decisiones provisionales que hoy conocemos como la Transición.
En año y medio hemos crecido exponencialmente. Corremos el riesgo de parecer una raza de gigantes democráticos. Los políticos que ahora nos dirigen parecen, a nuestro lado, las figuritas de un portal de Belén tardofranquista.
Seamos serios: a la ropa con la que nos vistieron a los españoles durante la Transición le han estallado todas y cada una de las costuras. Llevamos las vergüenzas al aire; los músculos al sol. Creemos, y no nos cabe duda alguna de esto, que ya ha llegado el momento de cambiar de vestuario. Porque la verdad es que necesitamos varias tallas más.
Eduardo Maestre
En la controversia clásica entre los lingüistas partidarios de que el pensamiento es anterior al lenguaje y aquellos otros que afirman que es el lenguaje el que construye el pensamiento, yo, desde mi primera clase en la Facultad de Filología, emocionado y aterrorizado a la vez por asistir a un encuentro masivo ante un profesor lejano y vivaz que nos proponía asomarnos al abismo, me decanté sin lugar a dudas por la segunda concepción del pensamiento. El viejo Humboldt, superviviente del Siglo de las Luces, lo explicaba maravillosamente: la adquisición de conceptos nuevos enriquece el pensamiento del Hombre; y con éstos, como nuevas herramientas, puede acceder a otros conceptos más complejos; así, la capacidad de profundizar en sistemas de pensamiento cada vez más elaborados permite al ser humano tomar decisiones, vivir su vida, emocionarse y crecer en muchas más direcciones -radialmente- que si manejara sólo los rudimentos básicos de una comunicación elemental.
Estos personajes en forma de conceptos que han enriquecido el lenguaje de los españoles durante este convulso año y medio, también han hecho crecer nuestra comprensión del mundo, del país en el que vivimos: han modificado nuestra percepción de España.
Ya sabemos todos que la prima de riesgo es un concepto que ya existía antes del cambio de Gobierno; incluso que existía antes de los primeros signos de la Gran Crisis. Pero no había dado el salto mortal que salva el barranco existente entre la jerga financiera y el lenguaje de la calle. La prima de riesgo, para el imaginario colectivo de los españoles, sencillamente no existía. Ahora no sólo existe, sino que existe mucho: está en las conversaciones de café con tostada en los bares; cada telediario, cada corte informativo de la radio nos informa detalladamente de la prima de riesgo española como si de la salud de un moribundo Jefe del Estado se tratara: está mejor; ha recaído; se le ha complicado con una neumonía...
No somos los mismos. No somos los mismos españoles ahora que hace un año y medio. Nuestra Soberanía ha sido puesta contra la pared en un callejón oscuro y, con una navaja arañándole el cuello, tiene que dejarse manosear, lamer lascivamente por alguien semioculto entre tinieblas; alguien que no nos va a asesinar, pero que no piensa retirarse hasta quedar satisfecho a base de extrañas solicitudes: reducir el déficit; recortar el gasto público; bajar la altura de las olas en nuestras costas; disimular el sofoco del sol mediterráneo...
A velocidad de vértigo, las ideas reformistas recorren la Península de extremo a extremo: la estructura del Estado ya no nos gusta; las Comunidades Autónomas se nos muestran de repente como una losa, como una maldición bíblica, como una inmensa mala yerba que hay que arrancar de raíz! La Ley Electoral ha quedado obsoleta; los ciudadanos no nos vemos representados en estos partidos políticos que en escasos treinta años han pasado de ser los héroes de nuestra modélica Transición a un puñado de bandidos. Los sindicalistas tienen que caminar por la calle levantándose la solapa de la chaqueta de pana, por miedo a ser linchados a manos de los trabajadores. La representación parlamentaria se contempla, en suma, como una parodia insultante: "no nos representan!", gritan las multitudes enfurecidas. Miles de perroflautas y de gentes del común se citan para cercar y asediar el Congreso, una y otra vez. Hombres y mujeres que son la imagen de la desesperación se dan la muerte a sí mismos ante la inminencia del desahucio.
En poco menos de año y medio han surgido toda suerte de plataformas, colectivos, lobbys, grupos de presión ciudadana: el 15M, la PAH, STOP Desahucios, Reconversión, Foro de la Sociedad Civil, Partido X, Escaños en Blanco, La Resistencia, Atrapa, DENAES, Jóvenes sin Futuro... Todos estos movimientos significan un anhelo de representación parlamentaria dignificante; algunos de ellos derivarán sin duda en partido político. Pero con qué Ley Electoral podrán sembrar su trigo? Con la misma Ley paródica y ya insultante que rechazamos en masa? Qué futuro les espera a tanto ciudadano deseoso de que haya verdadera Democracia, verdadera Política en España? Serán fagocitados individualmente por estos partidos ciegos que se niegan a rehacer por completo una Constitución desgarrada? Exasperados, ¿se pasarán al lado oscuro de la Fuerza y engrosarán las hordas que a sangre y fuego quieran arrasar no sólo el decorado sino el escenario, las bambalinas y hasta el patio de butacas?
No llega a seis meses el tiempo en el que Cataluña ha plantado públicamente sus pretensiones secesionistas con una claridad que en cierto modo es de agradecer. En mitad de la tormenta económica, los separatistas catalanes, perseguidos por un tropel de delitos contables que maquillan los jueces comprados que en el Condado abundan, huyen hacia delante y lanzan un guante a la cara misma del Estado. El Gobierno, entre pacato y ensimismado, no tiene siquiera la dignidad mínima que se requiere para recoger el guante; y, envainándosela, permite que el resto de los españoles sea insultado un día y otro; permiten que estos delincuentes fiscales y secesionistas nos llamen ladrones a diario en todos los medios de comunicación: dentro y fuera de España. No hay respuesta. No hay amor propio. Sólo silencio administrativo. Y estupor.
Es orgánicamente imposible que el mapa emocional de los españoles no haya cambiado drásticamente en este año y medio. Si, como dicen, la necesidad obliga a evolucionar, los españoles puede que seamos el pueblo que más rápida y profundamente esté evolucionando en todo Occidente. Nuestra idiosincrasia en cierto modo constructiva (el mayor banco de donación de órganos del mundo, que es el español, así lo atestigua) nos está permitiendo no llegar a revueltas sangrientas ni a violentas catarsis explosivas pese a la articulación organizada de las algaradas por la izquierda melancólica. Y con la derecha no hay nada que temer: la democratización medular a la que ha sido sometida durante estos últimos treinta años, profunda y visceral, permite que no se aliente al Ejército a hacer ruido de sables desde los despachos de los industriales; y si algún empresario añorante del franquismo se hubiera atrevido a hacerlo, de inmediato habría sido marcado como un apestado por el Ejército mismo.
Es imposible, como digo, que los españoles no seamos el pueblo que más ha aclarado sus ideas en estos últimos dieciocho meses. Con grandes pérdidas económicas; con altas piras funerarias en las que hemos sacrificado decenas de privilegios que hasta hace poco disfrutábamos. Nos han tildado de frívolos, de derrochadores, de vivir porencimadenuestrasposibilidades; hemos entregado la cuchara; nos hemos bajado los pantalones; hemos dejado de producir, de vender, de comprar, de viajar, de percibir las pagas extra, de tener una atención sanitaria mínima. Despedimos a nuestra juventud en aeropuertos desconchados, quizás para no verlos más.
Pero en ningún momento hemos dejado de reflexionar acerca del origen de nuestra desgracia. En ningún momento hemos apagado la luz de la débil pero digna antorcha que aún portamos en la mano, como un Filípides agonizante. Y con esa penumbra leve -que es casi tiniebla- hemos vislumbrado qué es lo que queremos para nosotros mismos y para nuestros hijos; y para los hijos de sus hijos. Y lo que queremos es detener esta máquina atascada que a cada vuelta de engranaje tose, humea y barrunta espantos de tristeza.
Queremos cambiar la Constitución de arriba abajo. Devolver las competencias esenciales al Estado. Desmontar ordenada pero irreversiblemente la macro estructura llena de aristas del experimento autonómico. Dejar de gastar decenas de miles de millones al año en políticos que realmente, verdaderamente, con la sonrisa eginética que otorga la certeza absoluta no necesitamos. Queremos cambiar la Ley Electoral de la raíz a las puntas. Elegir Diputados de Distrito: uno por cada 100.000 habitantes. Aplicar con todas las garantías la feliz y diamantina Separación de Poderes, verdadero bebedizo que acabará con la corrupción sistémica que padecemos. Necesitamos, es urgente, abolir las desigualdades entre los españoles: derogar el Fuero navarro y el Concierto vasco; que todos los ciudadanos sin excepción contribuyan al amejoramiento de la Nación. Queremos disminuir drásticamente el número desorbitado de municipios. Anhelamos, por dignidad también para ellos, quitarle el aforamiento a los políticos. Nos urge tipificar el Golpismo, el Fundamentalismo, el Terrorismo y el Nacionalismo como los cuatro grandes delitos de Estado que son. Y, agradeciendo los servicios prestados al Rey Don Juan Carlos, quizás declarar la República; sin más miedo que el de que nos quieran retrotraer a los oscuros años en que nos vimos obligados a tomar aquellas decisiones provisionales que hoy conocemos como la Transición.
En año y medio hemos crecido exponencialmente. Corremos el riesgo de parecer una raza de gigantes democráticos. Los políticos que ahora nos dirigen parecen, a nuestro lado, las figuritas de un portal de Belén tardofranquista.
Seamos serios: a la ropa con la que nos vistieron a los españoles durante la Transición le han estallado todas y cada una de las costuras. Llevamos las vergüenzas al aire; los músculos al sol. Creemos, y no nos cabe duda alguna de esto, que ya ha llegado el momento de cambiar de vestuario. Porque la verdad es que necesitamos varias tallas más.
Eduardo Maestre
viernes, 10 de agosto de 2012
Enfermedad autoinmune
No sé por qué llamamos ola de calor africano a estas temperaturas que nos machacan periódicamente; puede que vengan del cielo de África, pero no las fabrican allí; y ni los Gobiernos africanos ni su sociedad civil tienen parte alguna de responsabilidad en que el Planeta genere sus sofocos en el aire y los mueva donde le plazca sin pagar aduanas ni aranceles, sin pedir permiso a la Merkel ni al Bundesbank. Enfín (todo junto y acentuado, sí): que yo le quitaría los colgajos geopolíticos y la dejaría en ola de calor tremendo.
Pues bien: no sé si será por esta ola de calor tremendo que asola los paisajes de Mairena del Aljarafe, aquí en Sevilla, o por el veranito que nos están dando nuestros representantes electos con su manía de aplicar medidas dictadas desde fuera de España, en esas ciudades pulcras y ajardinadas en donde desconocen estas olas de calor recurrentes; pero lo cierto es que, cada día que pasa, veo cómo nos encaminamos sin remisión hacia un conflicto internacional de proporciones imposibles de calibrar.
Tenemos la sensación (y cuando utilizo el
plural es porque lo huelo a mi alrededor) de haber sido abandonados a nuestra
suerte por los políticos que elegimos para que se hicieran cargo de nuestros
problemas. Todos los políticos: Gobierno y oposición. Todos. No se les oye; no
se les ve en la tele.
Acaso han desaparecido? Es de suponer que no!
Pero pasan tanto tiempo en los pasillos de los altos hornos de Bruselas, de
Berlín y de vaya usted a saber qué otro foro, que han descuidado la delicada
tarea de asomarse a menudo al balcón de los medios de comunicación españoles
para que sepamos que aún respiran.
Tengo la certeza de que están vueltos de
espaldas; tan prendidos de los ojos de la Hidra, tan hipnotizados por los
cantos de sirena del Euro que ningún bálsamo ni bebedizo podrá ya volverlos a
la Soberanía que abandonaron. Estamos solos, navegando en el mar de los
sargazos en el que la enfermedad autoinmune que le ha surgido al Capitalismo de
toda la vida ha convertido nuestra Realidad.
Y es que, en mi opinión, los empresarios
clásicos, los hombres de negocios de siempre, los verdaderos emprendedores, cuyo objetivo último en
la vida ha sido desde siempre producir, manufacturar, urdir una red comercial
que les permita crecer y extenderse están siendo barridos del mapa por una especie de enfermedad inesperada que le
ha salido en las vísceras al Capitalismo. Ningún verdadero empresario habría vislumbrado,
ni en su peor pesadilla, el exterminio de las clases medias y el subsecuente
empobrecimiento del Pueblo; sencillamente porque las clases medias son y han sido desde hace cientos de años
la madre nutricia del Comercio: para todo hombre de negocios, nuestro
empobrecimiento es su suicidio.
Es por eso que yo, que no tengo la más remota
idea de Economía, intuyo sin embargo que el triunfo planetario del Capitalismo,
que se ha instalado cómodamente hace ya décadas (sin más resistencia que
Estados anecdóticos como Corea del
Norte o Cuba), lleva dentro su propia destrucción, su enfermedad autoinmune,
cuyo nombre terrible es de todos conocido: la Ingeniería Financiera.
Y es que una cosa es el Comercio y otra bien
distinta son las Finanzas. Montar una fábrica de ladrillos y procurar la mejor
calidad y la máxima difusión del producto que allí se cuece (nunca mejor dicho)
es una cosa; y otra bien distinta es lanzar la propia empresa a jugar en la
Bolsa. Cualquier historiador sabe que la Bolsa es un invento de finales del Quattrocento que en el Cinquecento llegó a expandirse y a
seducir a banqueros, burgueses acaudalados, terratenientes y gobernantes
atrevidos. Tan es así, que las grandes bancarrotas de la Historia, antes
impensables, comenzaron en el siglo XVI: recordemos a Nuestro Señor Don Felipe
II y sus sucesivas quiebras generales, que llevaron el dinero de las Américas a
manos de los banqueros genoveses y centroeuropeos dejando a España esquilmada y
al Imperio Español a los pies de los caballos, ocasión que aprovecharon
inmediatamente los por aquellos siglos mediocres países europeos (Francia,
Italia, Alemania e Inglaterra) para tumbar al gigante español de una vez y para
los restos.
La Bolsa… Qué es la Bolsa sino virtualidad,
chismorreo, humo? Qué tiene que ver la construcción de planchas de acero con la
especulación bursátil? Cómo puede tener más influencia en el Comercio el
nombramiento o el cese inminente de un ministro que los años de experiencia de
un industrial en la fabricación de cocinas? Es impensable, no? Sin embargo, así
es! Y la cuestión es ésta: el Comercio responde a la Vida Real mientras que la
Bolsa es pura especulación, puro espejismo, pura posibilidad. Pero esta
virtualidad se traduce en ganancias o pérdidas inmediatas de Capital: un juego
crudísimo que destroza familias enteras o ensalza a auténticos patanes en un
golpe de fortuna.
Siendo así, el Capitalismo ha llevado una vida
expansiva desde el siglo XIV hasta antes de ayer; porque, conteniendo en sí
mismo el germen de su propio dolor, ha sabido siempre poner coto a un exceso de
virtualidad, logrando imponer la visión de la Realidad en todo momento. La
única vez que se le fue de las manos y descuidó la producción para atender en
exceso los juegos de azar fue en 1929; y ya saben ustedes lo que pasó: vino el
Crack y luego la Gran Depresión, que afectó a los yankees -principales
responsables de la debacle, como ahora- y luego asoló Europa, dando lugar a que
la amargura y la impotencia de los ciudadanos, privados de repente de sus bienes,
sus trabajos y sus costumbres, vieran con una enorme tolerancia la llegada y el
ascenso de la chusma fascista, gentuza impresentable que si en los alegres
Veinte eran motivo de burla y chanza en las fiestas, en los Treinta lo fueron
de terror; y en los Cuarenta, de espanto y destrucción.
Sin embargo, ahora estamos ante una escalada
mucho peor que la que provocó el Crack del 29. Ahora, viendo como se está
viendo que países enteros están siendo asaltados por una extraña e inexplicable
Voluntad Mercantil (los Mercados; la
Bolsa; las agencias de rating); que
sus gobiernos han sido depuestos sin necesidad de utilizar las armas (Islandia,
Irlanda, Grecia, Portugal, Italia… y próximamente España); asistiendo
diariamente a las consecuencias terribles de estos envites, la agresión
continúa, inmisericordemente. La enfermedad autoinmune que asola Europa y que
está dentro del Capitalismo, lo ataca
inmisericordemente y está acabando con él.
Es lo que tienen las enfermedades autoinmunes:
que son los mecanismos de defensa del propio organismo los que se atacan a sí
mismos, pues no reconocen como propias determinadas proteínas; las creen un
elemento invasor y se lanzan a su destrucción. Del mismo modo, los elementos
financieros que durante siglos han convivido con el Capitalismo, y que fueron
generados por éste para su crecimiento, su expansión y su defensa, se vuelven
contra él: las agencias de rating
definen un objetivo (un Estado! Con todos sus trabajadores, sus hijos lactantes
y sus vendedores de zapatos!); lo marcan con una estrella de David; en la Bolsa
se apartan de él como si fuera un apestado; sus valores virtuales caen en
picado; piden ayuda –también virtual- a países no señalados por el dedo de
Dios; éstos exigen medidas restrictivas a cambio. Y cuando ya no pueden más (porque no hay gobernante democrático que sea
capaz de estrangular a sabiendas a su
propio pueblo), han de ser sustituídos por un equipo técnico (los tecnócratas!
Los hombres de negro!) que viene del Norte: hombres enjutos con gafas oscuras y
sin gestos delatores; equipos directivos sin amigos ni conocidos en los
estamentos del Poder; gestores que sólo han de rendir cuentas al Bundesbank; ni
siquiera a la Merkel.
No se dan cuenta de lo que está ocurriendo. Son
una enfermedad autoinmune. Porque si se percataran de que están acabando con la
Clase Media europea, la que les compra los televisores, los frigoríficos, los
coches de alta gama; si se dieran cuenta de que empobreciendo al Sur de Europa
están creando las condiciones óptimas para una revolución sangrienta, tengo la
certeza de que estos devaneos financieros llevados adelante con la excusa de fortalecer el Euro cesarían de
inmediato.
Pero no sólo no aflojan, sino que no cesan de apretar. Los grandes
inversores, los súper capitalistas de siempre han dejado de venir a España en
los últimos meses, porque están contemplando, aterrorizados, que esto se les
está yendo de las manos. Nadie quiere invertir en un país estigmatizado por
esos glóbulos blancos que antes servían para defendernos y ahora se han vuelto
irresponsablemente contra el organismo que los sustenta.
El Capitalismo tiene una enfermedad autoinmune;
lupus eritematoso o cualquier otra barabaridad: no soy médico, ni tengo idea alguna
de cómo llamar a esto. Pero sí tengo las luces suficientes como para augurar la
muerte inminente del Capitalismo clásico, que tan bien ha funcionado durante
siete siglos (con sus luces y sus sombras, por supuesto). Más que muerte, es un
suicidio. Y nuestros políticos, elegidos por el Pueblo para que nos gestionen
la Soberanía, se han dado la vuelta y, como abducidos, se han convertido en parte esencial de esos glóbulos blancos
que han perdido la capacidad de reconocernos como Su Organismo.
Si no ocurre un milagro civil (por descontado, una
Revolución), estamos a punto de presenciar el Fin de Occidente; en nuestro
lugar, en nuestras ciudades y en nuestros barrios emergerán costumbres y gentes
extrañas que nos gobernarán: las de los pueblos que hasta ahora considerábamos
tercermundistas. Adiós a la idea de Libertad. Adiós al concepto lineal de
Progreso.
Es evidente que no sé nada de Economía; pero
como no paralicemos la Bolsa, como no acabemos con las agencias de rating; como no seamos capaces de hacer
algo que corte por lo sano (por lo poco sano que queda!) esta enfermedad
autoinmune que está acabando con Europa, asistiremos estupefactos a nuestro
propio funeral como Cultura. Y quienes irán dentro de la caja, entrelazadas sus
manos, serán Europa y los Estados Unidos de América.
jueves, 9 de agosto de 2012
La cajera del Mercadona
En una esquina del exterior del supermercado, llorando, aterrorizada, contemplando incrédula lo que estaba pasándole a ella, a su supermercado, temblaba la cajera del Mercadona, el supermercado que estaban asaltando los del Sindicato Andaluz del Trabajador, el SAT. En su pómulo derecho, casi a la altura del ojo, se veía la huella infame de algún golpe recibido en la refriega.
Una mujer golpeada en la cara es una sentencia de muerte para cualquier Civilización. Estos sindicalistas eufóricos, jaleados por Juan Manuel Sánchez Gordillo -ese grano purulento en el culo de su propio partido, Izquierda Unida-, han golpeado a varias mujeres en el asalto.
Ay, Juan Manuel Sánchez Gordillo! Ay, Juan Manuel: tu nombre compuesto nos retrotrae por un momento al Conde Lucanor para luego arrojarnos en un tobogán psicotrópico de miseria personal que nos deja caer sin frenos en tu deplorable universo lleno de pósters del Ché Guevara, expropiaciones de fincas y subvenciones pagadas por todos nosotros para que tú, engendro postfranquista, convoques reuniones estalinistas en tu pueblo, ese erial de la inteligencia quemado y con olor a alcachofas: Marinaleda.
A dónde hemos llegado? Hasta qué escalón inmundo bajo el suelo de la permisividad general hemos conseguido bajar? Cómo es posible que un perfecto gilipollas como Juan Manuel Sánchez Gordillo (qué magnífico nombre para tan poca cosa!) haya llegado a obtener el Acta de Diputado que le permite salir indemne de cuantas tropelías se le ocurran cometer? Qué especie de Limbo sin Ley es Andalucía? Cómo se puede permitir que un individuo de este jaez campe a sus anchas por medio de la calle tras la agresión indefinible a estos supermercados?
Porque una cosa es un gesto simbólico y otra un saqueo en toda regla! Si este berraco hubiera llamado a los periodistas para sacar de Mercadona un paquete de arroz de un kilo, habría sido un acto simbólico verdadero: un kilo de arroz no alimenta a las miles de familias que están más allá del umbral de la pobreza, pero representa una acción; llama la atención acerca de un mal general como es el hambre, que ya nos atenaza a los españoles. Un kilo de arroz. Un kilo de lentejas. Una barra de pan: ésos son actos simbólicos.
Pero 13 carros de Mercadona llenos hasta las trancas... Por favor! Trece carros? Qué hay de simbólico en trece carros de supermercado? Eso es saqueo! Lo simbólico deja de serlo cuando es mayor el significante que el significado del símbolo! Es como si, en vez de poner una señal de tráfico con un adulto acompañando a un niño (paso de peatones con salida escolar), pusieran a cuarenta y seis madres y padres acompañando a cincuenta y dos niños con sus mochilas y sus babys, todos a tamaño real, y pasando realmente una y otra vez por el paso de cebra! Adiós al símbolo!
No: esto no ha sido un símbolo; esto ha sido una ocurrencia de este paniaguado por la Junta de Andalucía para hacerse propaganda; amparándose, además, en su Acta de Diputado para no temer represalia alguna por parte de la Ley. Una ocurrencia significativa, aprovechando la ruina que tenemos encima los andaluces; una ocurrencia demagógica, pues éstos jamás se atreverían a meterle mano a los presupuestos que ellos mismos acaban de firmar, con decenas de millones de euros empleados en estupideces supuestamente solidarias con otros países. Jamás se atreverían a renunciar a los cientos de miles de euros que el Estado les regala anualmente para sus cervecitas tras la manifestación de rigor y para sus enjuagues privados.
Se reúnen en un bar por la tarde; y cuando ya llevan varios vinos y cervezas con aceitunas, a uno se le ocurre la idea genial: vamos a asaltar el Mercadona! Risas, cachondeo y otro cigarrito (allí dejan fumar dentro de los bares!). La cosa va tomando forma: vosotros vais por allí y yo por acá; éste trinca un carro; tú, otro. Y si oponen resistencia, a hostias! Son mujeres! Y además, vamos a ir doscientos! Yo me llevo el megáfono! Viva Andalucía libre! Viva el comunismo! Pon cinco botellines más, Rafael!
Lleno de estupor, contemplo una y otra vez la cara de esa cajera del Mercadona que intentó resistirse al asalto de hombres fornidos, hombretones del campo, jayanes del Sindicato Andaluz del Trabajo, bestias inmundas que empujaron a las cajeras con sus brazos jornaleros sobrealimentados por el PER y los subsidios, animales sindicales llenos de megáfonos y erizados de mítines que no tuvieron empacho alguno en golpear la mejilla de esa mujer, dejando en ella y en su llanto aterrorizado la marca indeleble que sólo dejan los hombres cobardes.
Venid, sindicalistas; empujadme a mí, que peso más de 100 kilos; partidme a mí la cara si tenéis los cojones que creéis tener. Acercáos con el payaso del megáfono detrás, jaleando, escondido bajo vuestras espaldas de chicarrones del campo. Venid y empujadme como habéis hecho con esa pobre mujer a la que habéis aterrorizado con vuestras bravuconadas y vuestra poca hombría. Aquí os estoy esperando, con las gafas puestas, a que me las partáis. Venid, cabrones, maltratadores, eunucos.
Venid, sindicalistas de mierda. Que es un solo hombre el que os está esperando.
viernes, 6 de julio de 2012
Carmencita vendió un cuadro.
María del Carmen Rosario Soledad Cervera Freifrau von Thyssen-Bornemisza de Kászon et Impérfalva, también conocida como Tita Cervera, ha vendido un cuadro.
Hasta aquí, nadie podría decir nada en contra; ni a favor: si alguien tiene un cuadro que es de su propiedad y lo quiere vender, allá él. Pero, claro, si al cuadro se le sacan casi 28 millones de euros, pues se convierte de inmediato en noticia de interés común; porque la verdad es que no es normal sacar a subasta un cuadro y que alcance estas cifras brutales.
La casa de subastas Christie's se ha quedado un pico, pero a la viuda del Barón von Thyssen le han caído casi 24 milloncejos limpios: cash flow, que le llaman los gilipollas; dinerito contante y sonante, para los castizos.
La familia del difunto Barón está que trina, porque al vender este cuadro de forma independiente, Carmen, Carmencita, ha fastidiado de algún modo la colección en la que dicha obra estaba inserta, desvalorizando así -eso dicen- las demás obras que conforman dicha colección. Total: que Tita, Carmencita, se ha liado la manta a la cabeza y ha vendido La Esclusa, un cuadro que está considerado, según se desprende de la valoración que de él hacen los expertos, una de las obras más importantes de la Pintura inglesa de todos los tiempos. Y todo porque, según Carmencita, tenía problemas de liquidez.
Hay que comprender a Carmencita: una viuda como ella, que es viuda ma non tanto, tiene muchas obligaciones a las que hacer frente: el tren de vida que ha llevado desde que flirteaba con todo lo que se movía en Hollywood hasta que sentó la cabeza sobre el mullido diván tapizado en seda de la aristocracia húngara, conlleva muchos gastos. De modo que hasta la aristocracia tiene que tirar de lo suyo para poder llevarse algo caliente a la boca. Y ya sabemos que Carmencita ha sido siempre mucho de llevarse a la boca algo caliente.
La hija del difunto Barón, Francesca de Habsburgo-Lorena (Dios mío, qué nombres tan hermosos se gastan estos aristócratas!), está que echa chispas por sus nobilísimos ojos; y va por ahí diciendo, a raíz de la venta de este cuadro, que ni España ni los españoles son gente de fiar; que éste no es un país adecuado para seguir albergando una colección de obras de arte como la que legó su padre a la Humanidad.
Y aquí es donde yo siento que se me va la cabeza y la tensión arterial me sube unos puntos; pero, ojo: no porque abomine de los españoles, que eso es ya un deporte entre los centroeuropeos, sino porque la sola idea de que una familia, por mucha pasta que tenga, aglutine y controle un número altísimo de obras de arte a su antojo y voluntad, especialmente sin haber pintado en su vida ni un monigote en un folio, me asombra, me espanta y me revuelve las entrañas. Y aunque Francesca de Habsburgo-Lorena, Baronesa de Thyssen-Bornemisza, probablemente una de las galeristas mejor relacionadas en el estomagante mundo de la especulación artística diga misa en magiar, lo cierto es que no es una artista plástica ni lo ha sido nunca, por más pasta que gane montando bienales e instalaciones.
Y es que, sinceramente, la obra que ha vendido Tita, Carmen, Carmencita, será un hito extraordinario para los entendidos en Arte; puede que en ella se concentren los avances asombrosos que John Constable hizo acerca de cómo la luz se refleja en las nubes, cómo se pueden plasmar los infinitos colores y sombras que el agua es capaz de ofrecer a nuestros ojos: una maravilla del oficio de pintar; pero la noticia de su existencia, para el gran público, ha sido a raíz de haber conseguido Carmencita con su venta 24 millones de euros, billete sobre billete, para sus gastos cotidianos, que sin duda serán ir al súper, echar gasoil, pagar la hipoteca, dejar a los niños en la guarde subvencionada, comprar la crema antiarrugas del Mercadona, etc.
Al grano: lo que me cabrea es imaginar lo bien le habrían venido al pintor, en su momento, algunos de estos euros (libras, porque era inglés) y poder pagar a un médico de los caros para que tratara a su mujer, María Bicknell, que murió de una simple tuberculosis; murió por no poder pagarle un traslado a un balneario de montaña para que cambiara de clima. La pobre María, después de parir siete niños, agarró una tuberculosis de las que sólo Inglaterra es capaz de ofrecer, y, por la falta de recursos económicos domésticos se murió, dejando al pintor, que la amaba con locura, sumido en una depresión que acabó con él en unos pocos años.
Qué bien le habrían venido a John Constable y a su mujer no ya 24 millones, sino cinco o seis mil euros (me refiero a su equivalente en libras de la época, claro) para poder llevar a su amada María a un clima seco a respirar el aire puro; por ejemplo, a las montañas suizas. Se habría curado, sin duda, y habría vivido feliz junto a sus siete hijos y a su amante esposo John. Pero no fue así; de hecho, cuando Constable presentó el cuadro en público, la gente no apreció los avances extraordinarios que este paisajista genial había conseguido plasmar en el lienzo, cuyas nubes parecen moverse ante los ojos del espectador, cuyo arroyo parece salpicar los pantalones del que contempla la tela. El cuadro, sin embargo, se vendió como cualquier otro paisaje, y John, agradecido, volvió a su casa a rezar a su Dios anglicano y a suplicar clemencia por la vida de su mujer.
Qué más da que Carmencita haya reventado la colección, separando este cuadro de la misma? Qué me importa a mí que Carmencita, que entiende de Pintura lo que yo de rugby, se embolse ahora veinticuatro millones de euros (que son cuatro mil millones de pesetas de las antiguas, eh?) por la enajenación de un cuadro que ni ella pintó, ni ella compró, ni siquiera ella eligió para que formara parte de una de las colecciones de su difunto barón? Quién narices se cree que es Francesca de Habsburgo-Lorena para dictar las leyes a seguir en materia de Arte? Qué cuadro extraordinario ha pintado la hiperpija heredera de los Bornemisza? Qué mármol ha esculpido magistralmente? Qué efectos de luz, qué claroscuros, qué texturas, qué estudios de anatomía deconstruida ha publicado esta aristócrata hispanófoba con nombre de mantenida italiana para permitirse señalar en qué lugar del planeta debe asentarse una colección de obras de arte?
Qué importa, además? María Bicknell ya se murió, escupiendo sangre en pañuelos de hilo de Stanford. Ya su marido, el pintor enamorado, consiguió morirse de pena unos años después. Qué importa ya que ese cuadro haya sido separado de otros del mismo autor? En qué nos podría afectar, a los que verdaderamente consideramos que el Arte es producto de la circunstancia y el momento de la vida del autor, que ahora ese lienzo lo haya comprado otro multimillonario para colgarlo en uno de los salones de su mansión con el único objeto de vanagloriarse ante los invitados de haberse gastado 28 millones de euros en un cuadro?
Sí, señores! Me parece muy bien que Carmencita pueda volver a pagarse el cirujano plástico, las copas de Möet & Chandon de cada noche loca, el mantenimiento del yate y los gastos de los mulatos de enorme polla que sin duda le alegrarán los próximos años gracias a la venta de uno de sus bienes, heredados legítimamente tras la muerte de aquel hombre tan serio, tan mayor, tan aristócrata y tan Bornemisza. Por lo menos, y aunque ya sea muy tarde para alargar unos años la vida de María Bicknell, al menos podrá alegrar la de Carmencita Cervera.
Además (y esto debo confesarlo en voz baja), en el fondo de mi corazón hay un orgullo oculto, escondido, agazapado; porque me considero perteneciente a un club indestructible: el de los artistas desconocidos; el de los artistas pobres; el club de aquéllos que pintan, que componen, que escriben sin esperar reconocimiento ni dinero; el club de los parias, de los que ya nada esperan -salvo que les dejen tiempo para pintar, largos ratos para escribir, horas para componer. Es éste un orgullo compartido en silencio, una fe sectaria que sólo se podrá apagar con la propia muerte, una dignidad arcana compartida tácitamente con aquellos otros artistas, también desconocidos, que del mismo modo perdieron toda esperanza de reconocimiento y, pese a todo, siguen inventando fruslerías.
Y es éste el orgullo que revienta de alegría en mi corazón cuando sé que, aunque hoy día mi propia obra no sea tenida en cuenta, quién sabe si en el futuro un cuadro humilde, una sonata inédita o un poema autógrafo servirán para sacar de un apuro momentáneo a una viuda alegre, a una cortesana de lujo: a una nueva Carmencita!
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miércoles, 27 de junio de 2012
Una Ley bien puta.
La Ley 42/2010, de 30 de Diciembre de 2010, más conocida como la Ley Antitabaco, entró en vigor en España el 2 de enero de 2011. Con esta Ley, se prohibió fumar, en nuestro país, en espacios cerrados de uso colectivo y también en algunos espacios abiertos.
Dicho lo cual, añadiré que he fumado durante 30 años con gran felicidad y alguna tos; que dejé de fumar porque mi amada María odia el tabaco y era condición sine qua non abandonar tan agradable hábito si quería tener algo que ver con ella. Afirmo que, sin dudarlo un instante, elegí dejar de fumar. Y que desde que dejé el tabaco ya no sufro por no poder fumar en los bares ni entre clase y clase del conservatorio. Y aunque ocasionalmente haya fumado algún cigarrillo extremadamente suculento, ya no soy fumador: qué remedio! Pero reconozco que, como los alcohólicos, el que ha sido fumador pata negra lo sigue siendo para siempre aunque no fume más; y afirmo que, si pudiera, detrás de cada copa que me tomo las pocas veces que salgo, me fumaría inmediatamente al mismísimo dueño del bar, liado en las páginas de Economía de El País.
Pero que ya no fume no es obstáculo para haberme sentido arrinconado de algún modo cuando la Ley Antitabaco comenzó a hacerse efectiva. Yo ya hacía tiempo que no fumaba, pero al entrar en vigor dicha Ley me empezaron a dar pena los fumadores, educados en las películas de Humphrey Bogart y Lauren Bacall, todos con sus cigarrillos como luces que acompañan rostros entre la niebla del glamour. Vi a todos los fumadores, de un día para otro, convertidos en apestados. Y lo que es peor: todos los dueños de bares, restaurantes y clubes de alterne tuvieron que reestructurar el espacio de su negocio, a veces con obras costosísimas, para hacer frente a la rigurosa nueva Ley; por no hablar de la pérdida de clientela y beneficios en la hostelería, que ha sido, según las estadísticas, del 15%. Es mucho un 15%, eh?
De todos modos, creo que la aplicación de la Ley Antitabaco ha sido para bien: no sólo la ropa no huele asquerosamente al llegar a casa, sino que las copas parecen no afectar tanto a la cabeza (salvo si te han puesto garrafón, claro); el espacio en los bares se ve más limpio; la gente fuma menos, con tal de no interrumpir la conversación para irse a la calle a fumar a solas; las paredes, las mesas, las sillas y hasta la barra de los bares están más limpias; los tugurios huelen menos a decadencia. En definitiva: hecha la cosa, realmente ha sido para mejor.
Sin embargo...
Sin embargo, ha llegado a España Sheldon Adelson, el casi octogenario magnate judío; el dueño de los casinos y hoteles más kitsch de Yankilandia y de China; el rey de los macro hoteles con luces de colores; el Señor de los Casinos. Pues bien: el tal Adelson exige no tener que rendir cuentas, durante dos años, a nuestra Seguridad Social; asegura que los niños de 16 años pueden ser una clientela normal. Pero no acaba la cosa ahí: Adelson pretende no pagar impuestos hasta que no empiece a obtener beneficios de su negocio. Imagínense ustedes! Veamos un caso práctico: yo abro una panadería en la esquina de mi calle, pero ni pago la S.S. de mis empleados durante dos años, ni pago impuesto alguno (ninguno!) hasta que mi tahona empiece a darme beneficios. Saben ustedes lo fácil que sería para un buen equipo de abogados y economistas a sueldo demostrar que mi hermosa panadería no está dándome beneficio alguno? Es que me parto!
Este prenda lerenda ha fletado algunos aviones que hacen la línea Macao-Nevada y Nevada-Singapur (que ya son horas volando!) para que los mafiosos de alto estandin puedan jugar durante horas y horas estando libres de pagar impuesto alguno ni a China ni a Estados Unidos. Lo que se gana volando, por lo visto, no genera impuestos! Un duty free del tahúr! Y lo malo no es que en esos aviones se suban doña Mª Luisa la del 3º con sus tres amigas del Imserso y jueguen al tute apostando garbanzos secos, sino que ahí vuelan los gánsters millonarios de la peor catadura que pululan por Macao, Singapur y los EE.UU., amén de los rusos multimillonarios, contrabandistas de armas y jeques de la alta prostitución: lo mejor de cada casa!
Pero aún no he metido el dedo en la llaga. Lo haré: Sheldon Adelson exige que, en sus casinos, hoteles y demás lupanares de colores no tenga validez la Ley Antitabaco. Y miren ustedes: que un tipo acostumbrado a tratar con los piratas de Macao y los mafiosos rusos crea que las Leyes son como sus amantes, objetos de usar y tirar, no me sorprende. Lo que realmente me molesta es haber escuchado decir esta mañana en un informativo a doña Esperanza Aguirre, Presidente de la Comunidad de Madrid, que "evidentemente, la prohibición de fumar se cambiará".
Cómo que "se cambiará"? O sea, que después de la pasta que se han gastado los hosteleros españoles en reacondicionar sus locales; después de año y medio reeducando a los fumadores -que ya se lo saben como el catecismo- para que salgan a la puñetera calle si quieren echarse un cigarrito; después de tanto gasto, de tanto dinero, de tantas molestias causadas a los dueños de los bares... Ahora viene un multimillonario en plan Míster Marshall; un tipo podrido de pasta que no quiere contribuir pagando impuestos ni Seguridad Social, que no entiende qué narices significa el concepto Estado; ahora viene un güisquero con vaya usted a saber cuántos cadáveres sobre sus espaldas y pone boca abajo las ideas de Contribución, Solidaridad y Justicia... Y los políticos le bailan el agua? De verdad que van a derogar la Ley Antitabaco para contentar a este sinvergüenza? Sólo para su club Las Vegas en Madrid, o la van a derogar para todos?
Pero qué país es éste? Hasta qué oscura sima nos quieren hacer caer? Los 16.000 puestos de trabajo prometidos son un motivo suficiente para bajarnos los pantalones de esta manera? Y aunque fueran cien mil! Qué clase de empresa es ésa cuyo patrón no quiere pagar a la S.S. durante dos años? Qué especie de pirata es el que se niega a pagar impuestos hasta que no le vea la punta al negocio? Qué pintan los niños de 16 años en un puto casino lleno de putas de lujo cuyas putas puertas gobiernan dos putos gorilas con su puta nariz plana? Es esto lo que queríamos para España? Esto? Un paraíso fiscal -ante nuestras narices- con el que blanquear todo el tráfico de armas de Singapur, toda la prostitución de Macao y todos los enjuagues y negocios oscuros de Yankilandia? En eso quieren Aguirre y Ana Botella convertir Madrid? En un inmenso lupanar lleno de humo y de historias de perdedores? Ojalá resucitara Carlos III y expulsara de España a latigazos a este viejo fascista que pretende saltarse todas las reglas del Estado!
Cuando alguien se vende por dinero; cuando utiliza como mercancía su intimidad, su esencia personal más profunda, se hace necesario usar un término contundente: prostitución. Las pobres mujeres que han caído en una espiral vital autodestructiva, o que han sido esclavizadas por bandas de proxenetas no encuentran más salida que continuar vendiendo su cuerpo por dinero: se prostituyen. Los deportistas que venden su resultado en la competición a cambio de dinero, se prostituyen. Los jueces que dan y quitan la libertad a cambio de dinero, se prostituyen.
Lo mismo le pasa a las Leyes: si una Ley se cambia al antojo de unos cuantos políticos porque en la mesa se ha puesto un fajo de billetes grasientos, esa Ley, desde ese momento y hora, es una Ley prostituida. Una Ley que por motivos crematísticos cambia repentinamente, deja ipso facto de ser modelo y espejo de comportamiento para pasar a ser una puta más de las muchas que, por desgracia, vagan en bolas por los arcenes de las carreteras a la salida de las ciudades.
Lo diré aún más claro: si la Ley Antitabaco deja de aplicarse a causa de las exigencias degradantes del complejo lúdico-hotelero que este tipo insolidario quiere montar en España, la Ley Antitabaco, a partir de ese momento, será una Ley bien puta. Pero puta putísima!
Y, claro, Esperanza Aguirre se convertirá, si esto sucede, en la mayor alcahueta que vieron las Españas: será, a mi pesar y al de sus votantes madrileños, la mamporrera mayor del Reino; y, por supuesto, la madama del puticlub.
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martes, 19 de junio de 2012
Diecisiete Reinas.
Hay una película argentina, de Fabián Bielinsky (lamentablemente, muerto a los 46 años de un infarto súbito), que he visto cuatro o cinco veces y vería otras cinco más: Nueve Reinas. En mi opinión, es una de esas películas perfectas, orgánicas, redondas; una obra maestra del cine mundial; un ejemplo de relojería suiza de precisión. Nueve Reinas podría compararse a los cuartetos de cuerda de la última etapa de Beethoven, en los que, si alguien cambiara una sola nota, un solo acorde, un mínimo signo de dinámica (forte, sforzando) se vendrían abajo, pues sería ni más ni menos que intentar modificar La Perfección.
Hablar aquí por extenso de Nueve Reinas me llevaría días y días de escribir y corregir; y a ti, lector, horas pegado a la pantalla luminosa, lo cual se me antoja una tortura imposible. Tranquilidad: no lo voy a hacer. Pero debo traer a colación una secuencia memorable de las muchas que la película tiene. Y es la siguiente:
Marcos (encarnado por el maravilloso actor Ricardo Darín), un estafador de poca monta, se encuentra en los lujosos servicios de caballeros de un hotel de cinco estrellas en Buenos Aires junto a Juan (Gastón Pauls, el otro extraordinario actor, cuyo personaje algo taciturno y como atormentado se asocia con Marcos/Darín, por azar, en una estafa delirante). Éste, Marcos, le dice frente a los espejos de los lavabos que si "por guita" haría "de puto"; es decir: si te dieran dinero, te dejarías dar por detrás? Juan, muy digno, rechaza tal posibilidad: los hombres no le gustan; su dignidad no está a la venta. Marcos insiste y coge un puñado de toallitas de papel y las usa como si fueran billetes de 100 dólares: le pone un montón de toallitas sobre el lavabo: "Por 10.000 dólares, lo harías?" "De ninguna manera!", responde Juan, ofendido; colocando otro montón de toallitas, insiste Marcos: "Por 20.000?" "No", responde muy serio Juan. Marcos insiste: "Y por 50.000 dólares?" Juan se ofende algo menos, pero aún se ofende: "No! Claro que no!" Entonces, Marcos coge el mazo entero de toallitas y las coloca solemnemente sobre el lavabo: "Y por 500.000 dólares?" El otro se queda en silencio, como considerando la posibilidad de dejarse encular por cualquier desconocido que le ofreciera medio millón de dólares. Su dignidad y su hombría, innegociables hasta hace un momento, parecen estar siendo reconsideradas ante la posibilidad remota de tal oferta. Juan no responde nada; pero mira muy pensativo el montón de toallitas.
Marcos/Darín se acerca a su oído y le dice: "Te das cuenta? Putos no faltan; lo que faltan son financistas."
Desde 1978, el mapa político territorial español se ha ido ajustando y definiendo; en poco tiempo quedaron constituidas las 17 comunidades autónomas que conforman la estructura geopolítica de España. A ellas, hay que sumar las dos ciudades autónomas (¿...?) de Ceuta y Melilla, que Alá proteja.
Estas diecisiete comunidades, con el paso del tiempo y merced a la negociación con el Estado, han ido añadiendo eso que se ha dado en llamar competencias, y que no son otra cosa que la posibilidad de gestionar las atribuciones habituales del Estado: la Sanidad, las carreteras, la Educación, los puertos y aeropuertos, etc.
Esta gestión competencial ha conseguido doblar y hasta triplicar el número de personas dedicadas a tales menesteres. Como coches en doble y triple fila, inmovilizando los unos a los otros, las administraciones han sufrido en España un proceso de elefantiasis que, de vivir Larra ahora, volvería sin duda a pegarse el tiro en la sien.
Este exceso de funcionarios en las distintas administraciones superpuestas se agrava más aún si tenemos en cuenta ese invento asombroso que se conoce como empresa pública: ni más ni menos que otra capa más de Administración (holográfica, virtual en muchos casos) cuyos trabajadores seleccionados por quien corresponda hacen el trabajo que muchos de los funcionarios de la Administración autonómica (o estatal) deberían haber hecho pero no hacen. Dios sabe por qué.
El chorreo de dinero ha sido y sigue siendo sideral. Las arcas del Estado, con 17 administraciones paralelas y cada una de ellas con sus empresas públicas -sin vigilancia alguna- pidiendo más y más, han sido esquilmadas, hundidas, desfondadas. Los canales de televisión autonómicos (ETB1, ETB2, ETB Sat, Canal Sur 1, Canal Sur 2, Canal 9, Telemadrid, Tele Albacete, Murcia qué hermosa eres, Zaragoza no se rinde, Catalunya Visió 1, 2, 3 y 33...) han dilapidado miles y miles de millones de euros; decenas de miles de millones de euros. No podemos hacernos una idea de lo que nos hemos gastado en estas televisiones provincianas y cerriles. Quién ve Arrayán? Por Dios! Quién ve Arrayán!!!?
Pero la hora de devolver competencias al Estado está llegando. Qué se creen ustedes que buscan los inversores extranjeros (los mercados: el coco)? Por qué creen ustedes que no levantan el pie que oprime el cuello del Gobierno español? El siguiente paso es la poda -discriminada pero intensiva- de esta maleza constituida por malas hierbas y enredaderas en que nuestra Administración se ha convertido; nos van a exigir la limpieza urgente de las administraciones autonómicas: esa masa selvática poblada de animales agazapados que suele rodear y esconder los templos mayas en las películas de Indiana Jones y que en nuestro caso oculta un extraordinario universo de inútiles duplicados y mantenidos.
Entonces clamarán al Cielo los nacionalistas. Perdemos soberanía! Catalunya no pot consentir aquesta intromissió! Galtzen subiranotasuna! Europa txakurra! Y el hecho diferencial (quién sabe qué será eso?) será un clamor elevado al cielo por los profesionales de La Diferencia.
Ahora bien: cuando ya no haya dinero para pagar las nóminas a los funcionarios castizos; cuando los gobiernos autonómicos vean que se viene abajo el Retablo de Maese Pedro -con Don Gaiferos y la bella Melisendra- debido a las estocadas terribles que amenazará con propinar el corte del grifo... Entonces se acabarán las consideraciones y la pompa; serán arrancados de raíz los melindres independentistas; se sofocarán con mantas mojadas los tufos reivindicativos de las castas jesuíticas; y desaparecerá durante mucho tiempo la pedantería nacionalista, verdadero colesterol cultural que nos esclerotiza a todos los demás.
Es decir: cuando de verdad ya no podamos más, los que mandan en el mundo pondrán sobre los lavabos cientos de miles de millones de toallitas, a condición de que desaparezcan estas competencias agolpadas unas sobre otras, este marasmo administrativo que ha producido la hipertrofia de las autonomías. En ese instante, los dignísimos políticos nacionalistas dejarán a un lado su asco de personaje femenino de Jane Austen y reconocerán que pertenecen al Estado español. Así de fácil.
Y entonces, en mi interior y sin que nadie pueda evitarlo, escucharé gloriosamente a Ricardo Darín diciéndoles "Os dáis cuenta? Putos no faltan, lo que faltan son financistas".
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