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jueves, 18 de julio de 2013

Zaragoza no se rinde!!!


Durante años, aquella frase de Pérez Galdós que dice "...pero de entre los muertos surgirá una lengua viva para decir que Zaragoza no se rinde!" funcionó en mi asendereado corazón como un bálsamo de Fierabrás que instantáneamente obrara el milagro de hacerme levantar, como se levantan los resucitados, de la tristeza o el miedo: "Zaragoza no se rinde!!!"

Esa fortaleza de ánimo no siempre puede mantenerse; algunos envites mal traídos de la vida lanzan un rayo de tal magnitud que hasta los más frondosos árboles se quiebran, calcinados. Pero hay encinas indestructibles, álamos blindados, pinos desmedidos y secuoyas eternas: éstos son los héroes -que participan, en cierto modo, de la locura.

Pero mientras que los héroes literarios lo son porque tienen ventaja (o no existieron jamás; o ya se han muerto y su efigie ha crecido exponencialmente), los héroes vivos lo tienen más difícil, porque, a la tarea del héroe -ya de por sí heroica!- han de sumar el desprecio hacia lo heroico que este final del siglo XX bien metido ya en el XXI arrastra como principal característica: el desprecio por lo excelente.

Decir de Mercedes Alaya que es una nueva Agustina de Aragón supone un lugar común, pues nadie que no esté paniaguado por el Partido Socialista Obrero Español de Andalucía puede, a estas alturas, negar el carácter heroico y batallador que esta hermosa mujer destila en sus actos, en sus plazos, en sus maneras y hasta en la gracilidad casi demoníaca con la que arrastra esa maletita dentro de la cual se comprime, como en un agujero negro, todo el horror de la mala política andaluza.

No es éste un artículo escrito para glosar a la elegantísima Juez, sino para destacar a los lectores, a los ciudadanos, la extrema dificultad que supone llevar a cabo una labor de Justicia viviendo en el corazón del Monstruo. Cuántos compañeros de carrera no la habrán llamado para que se piense lo que está haciendo? Cuántas amigas, de las que hizo durante los años de estudio en la Facultad de Derecho, no le habrán dejado caer "en qué te estás metiendo, Mercedes"?
Y sus familiares? O creen ustedes que sus hermanos, sus hijos, sus sobrinas, sus suegros, sus cuñadas y hasta sus propios padres no habrán intentado disuadirla? Con la mejor de las intenciones! Sí: la intención que un familiar directo puede tener; que no es otra que la de prevenir un desastre... "Mercedes, por lo que más quieras: piensa en tus hijos!" "Merche, por Dios! Que estos tíos son muy peligrosos!" "Tú verás lo que hacés, mamá"...

Sumen ustedes a estos miedos carnalizados aquellos otros más difusos pero no por ello menos palpables: llamadas a media noche que quedan en silencio; cartas anónimas; tipos con pinta de güisqueros, fumando frente a la ventana de la jueza durante horas; empresarios cuyas espaldas se hacen patentes en cuanto Mercedes entra en un encuentro de la Judicatura; saludos negados; portafolios que se cierran a su grácil paso; miradas torvas; silencios repentinos, que ensordecen como bombas lapa...

Éste ha sido el ambiente que ha tenido que soportar hasta ahora la insobornable Juez Alaya; porque ella no ejerce desde un púlpito arcano, sino que le saca chispas a la espada desde el corazón del Monstruo! Mercedes no lanza enérgicas repulsas desde un pupitre de la ONU, a diez mil kilómetros de cualquier tierra desértica; sino que sus acciones tienen consecuencias inmediatas, directas, palpables. Los chorizos y los familiares de éstos, paniaguados del socialismo andaluz durante décadas, quieren verla muerta; muerta y enterrada. Los socialistas andaluces la vituperan a diario; los socialistas del apparatchik madrileño (Rubatero y Zapalcaba) la denostan, la descalifican. Su trabajo es a diario puesto en entredicho por chusma, sí; pero por chusma muy poderosa: chusma cerril y pajinera que cuenta con altavoces mediáticos de los que consiguen ensordecer a base de gritar soflamas y latiguillos.

La familia; los compañeros del trabajo; los amigos; los antiguos compañeros de Facultad; algunos catedráticos de confianza; algunos periodistas... Cuántos de entre ellos habrán puesto de relieve el peligro que supone ser el Guerrero del Antifaz, Wonderwoman, Alonso Quijano el Bueno o Juana de Arco en estos días de zafiedad cotidiana? Qué extremado corazón puede soportar no ya los envites de las calumnias, las injurias, los dislates, las falsedades coreadas de los delincuentes disfrazados de políticos, sino las arremetidas de aquéllos que te quieren? En qué grave volcán se mueve el magma de su espíritu? Qué fuerza telúrica más antigua que la propia Tierra habita en sus delicados tendones? Con qué adjetivo calificar tal voluntad, tan enorme integridad, tánta fuerza y elegancia?

Soy un espectador ya sin epítetos; de la hediondez que contemplo a diario en Andalucía casi no me quedan manos para aplaudir, si de repente veo un héroe. Pero aún late una chispa de esperanza y de arrojo en mi corazón para gritar, siquiera sea con la garganta herida, gracias! Gracias, Mercedes! ...Zaragoza no se rinde!!!

sábado, 6 de julio de 2013

...Que se va sin pagar!!!


Pero qué es esto? Qué cojones es esto? Qué especie de arrogancia es ésta que tiene el Presidente de la Comunidad Autónoma andaluza? Cómo deglutir y luego digerir esa masa de pelo y huesos que pretende hacernos tragar a los andaluces, diciendo que abandona la Política? Por quiénes nos toma? Es que sueña, imagina o se embelesa en sus duermevelas estomagantes con que en esta tierra ancha y como adormecida no hay ni un solo ciudadano con dignidad? Es que piensa que puede irse de rositas y sin pagar?

José Antonio Griñán, Pepe Griñán, el Señor de los Griñanini es un sinvergüenza, por muy temprano que se levante! Ha entrado en nuestro bar, ya esquilmado por el dislálico Chaves y su inmensa romería familiar, y tras comerse y beberse lo que quedaba, se levanta y se va sin pasar por caja!!! …Coño! Que se va sin pagar! Que ese tío no ha pagado, joder! ...Quién? Ése? …Sí: ése! El de la barbita! Que se va!!! Que ya está saliendo a la calle, coño: páralo ahí!!!

El sistema cuasi perfecto de desvío de fondos públicos creado por Manuel Chaves, también conocido como Entes Instrumentales o Administración Paralela (las dichosas agencias, para entendernos), cuya eficacia a la hora de permitir el trinque o malversación de todo el dinero que hubiera sido asignado a las arcas públicas andaluzas ha sido proverbial, por fin se ha descubierto: las agencias IDEA; EPSA; la de Medio Ambiente; la de Cooperación Internacional para el Desarrollo, etcétera, etcétera, etcétera, cuyos milmillonarios movimientos de dinero (en euros) han escapado al control de los funcionarios de oposición, al de la Cámara de Cuentas y a cualquier otro mecanismo de control; estas agencias, digo, cuyas subvenciones ilegalmente concedidas durante dos décadas han enriquecido a empresarios, a constructores, a sindicalistas, a alcaldes, a culturetas y a particulares sin oficio ni beneficio cuyo mayor mérito es haber sido cuñado de alguien, han sido descubiertas; siquiera sea la punta del iceberg.

Ni un solo céntimo de estas decenas de miles de millones de euros ha revertido en beneficio del pueblo andaluz. Ni un solo céntimo. Hemos perdido la oportunidad de tener decenas de hospitales universitarios enormes, centenares de ambulatorios, centenares de escuelas públicas, cientos de laboratorios de investigación, miles de parques, miles de kilómetros de carreteras en condiciones, centenares de festivales culturales, miles de industrias verdaderamente provechosas…

Hemos perdido la oportunidad histórica que se nos brindó para destruir definitivamente la pésima imagen que de los andaluces tienen en el resto de España y en el extranjero. Hemos perdido la comba! Seguimos permitiendo que en las series de producción española las putas, los chorizos y los gilipollas sigan teniendo acento andaluz. Si hasta Cletus, el paleto incestuoso y deplorable de los Simpsons, que es un dibujo animado, habla con acento andaluz!!! Una serie de tanto éxito internacional como Gran Hotel, cuyos personajes hablan todos con acento del Norte español, cuando presenta un personaje abyecto (una puta, un ratero desgraciado), indefectiblemente lo dota de un clarísimo e incontestable acento andaluz! Hasta Bandolera, serie de éxito de sobremesa, pese a  desarrollar su acción en Andalucía, carece de personajes serios y estructurales que hablen en andaluz, siendo todos (la protagonista, el cura, el médico, los guardias civiles, los altos mandos del Ejército…) sesudos actores de inexplicable acento cuasi vallisoletano, quedando  –ooootra vez!- para las putas, los toreros cobardes, los delincuentes comunes y hasta el tonto del pueblo el acento andaluz!!!

Hemos permitido que un aparente borderline como Manuel Pastrana se erija en la voz cantante del sindicalismo amamantado por nuestros doloridos bolsillos, enterándonos ahora de los turbios manejos que se traía durante lustros, enriqueciéndose! Hemos mantenido durante décadas a toda la cúpula de sindicalistas paniaguados por el Gobierno andaluz, que no sólo no han conseguido ni un solo resultado esperanzador contra el mayor índice de paro de Europa, el andaluz, sino que ahora hemos sabido que llevaban años falsificando gastos y dietas; robándonos desvergonzadamente!

Hemos aplaudido que un chufla colegui como José Chamizo se atrinchere tras la figura del Defensor del Pueblo Andaluz para dedicar sus días de cura arrepentido -por no haberse arrepentido- al lumpen, a los outsiders, a los inmigrantes, a los que están en peligro de exclusión social, suplantando en un error cósmico a las oenegés y a las casas de caridad y abandonando absolutamente a su suerte al verdadero pueblo andaluz, negándose sistemáticamente a emprender cualquier pleito contra las manos sucias que le daban de comer: ésas que ahora amenaza con denunciar, como una despechada amante de baja estofa.

Hemos soportado que a los profesores nos impidan suspender a quienes no estudian, envolviéndonos en un manto de Penélope de papeleo interminable, teniendo que demostrar hasta más allá de lo descriptible que tenemos razones de peso para no aprobar a algún vago o a alguna maleducada niña pija. Llevan años maquillando los resultados de las calificaciones; poniéndose a sí mismos, desde la Consejería de Educación, perfumadas vendas bíblicas de lino grueso en los ojos para no ver la realidad que contemplamos espantados los que nos enfrentamos diariamente a la desidia generalizada que entre los alumnos corre y que entre los padres, ya mal acostumbrados al aprobado fácil de sus hijos, vuela. El Informe PISA, verdadera losa precámbrica que cargamos sobre las espaldas de nuestra Dignidad, nos machaca públicamente cada tres años, dejando a Andalucía una y otra vez en el furgón de cola del Progreso, de la Docencia y, en definitiva, del Futuro, pues lo que están haciendo desde la escuela pública y la privada concertada (tristes esclavos maquillados de la Junta) es algo más que una mentira indecente: es un genocidio cultural que ya afecta a generaciones enteras!

Les han negado el agua a los bomberos, las jeringas a los médicos, el termómetro a las enfermeras; han preferido construir playas en Suramérica y barrios de lujo en Marruecos que prevenir las inundaciones en Almería. Han conseguido que emerja una urgencia de cien mil niños andaluces que padecen hambre y luego los han utilizado para darse autobombo como sus salvadores!!! Han despreciado la iniciativa personal de los verdaderos emprendedores; han hecho oídos sordos a las advertencias de enfermedad terminal que todos los informes serios dictaminaban; se han emborrachado de dispendio y han dilapidado el Patrimonio de los andaluces en oropeles ad maiorem gloriam de una melancólica izquierda deprimida que se dopaba con mariscadas para olvidar que olvidaron al pueblo.

Nos han robado el futuro. Nos han triturado el pasado. Y ni siquiera podemos cerciorarnos de que esta situación de interinidad legal que vivimos se pueda llamar “presente”. Y en toda Andalucía no hay más que una sola juez capaz de echarle valor y arrinconar contra los burladeros a este toro enfermo de egoísmo y olvidado de cualquier género de Política. La única juez entre ocho millones de andaluces!!! La única: que se dice pronto!!!

Pues bien: esta sola mujer; esta sola persona, esta frágil diosa de un Boticelli andaluz ha puesto contra las cuerdas a la complejísima trama de falsos empleados públicos, de falsos políticos, de falsos directores generales, de falsos consejeros, viceconsejeros, directores de presupuesto, secretarios de Empleo, chupatintas, asavacas, viceleches, caspoalcaldes y rapacerdos!!! Ella sola, durante años, ha conseguido –con la ayuda inestimable, y que no olvidaremos jamás, de la Guardia Civil-  llevar la hiedra de la implicación documental y testimonial hasta los pies fríos y secos de Pepe Griñán, que nunca como estos días ha despertado tantas veces durante la noche empapado en el sudor de la culpabilidad y envuelto entre las sábanas de la ofuscación, balbuceando “cómo he llegado a esto?”

Y ahora que están los campos arrasados; ahora que ya no hay pañuelos en las estaciones porque ya no quedan jóvenes que despedir; ahora que en Andalucía no hay más columpios sin herrumbre en los que columpiar a los hijos que no nos atrevemos a tener; ahora que los cadáveres semidescubiertos por la tormenta comienzan a dejar ver sus manos entreabiertas señalando con su exánime dedo acusador a estos criminales; ahora que ya no nos queda ni un solo saco de cemento con el que asentar firmemente una primera piedra sobre la que construir un futuro digno para nuestros desesperanzados hijos; ahora, éste se quiere ir de la Presidencia del Gobierno andaluz, dejando en su silla mancillada de culpa a una muñeca  lustrosa en cuyas venas no corre sangre, sino un colesterol de infamia, unos linfocitos rebozados de pelo de moqueta; una muñecona con una cuerda detrás, de la que, si tiras, sólo se oye “Yo soy muy de izquierdas! Yo soy muy de izquierdas!”

Cómo que se va? Pero qué coño es esto? Cómo que se va sin pagar? Trincadlo ahí! En la puerta del Palacio de San Telmo! Que se pira! …Que se pira? De eso nada! Levántate, Antonio! Arriba, Manué! Deja eso en la mesa, que ahora venimos! Que ése no se va de aquí sin pagar lo que se ha comido! …Pero esto qué es? Qué cojones se habrá creído? Ése no se va a ir sin pagar! Tríncalo ahí! Ahí, Paco! Detrás del coche! Ahí está! Ya lo tienes? Ya lo tienes? Lo tienes?

Ea: p’al Juzgado de Instrucción número seis!!!




Eduardo Maestre


6 de julio de 2013

jueves, 9 de mayo de 2013

Varias tallas más.

En el último año y medio (desde que Rajoy ganó las elecciones con mayoría absoluta), España ha sufrido cambios profundos; no tanto en su situación económica -los números; la cábala financiera- como en el elenco de nuevos personajes que pueblan el escenario social, entendiendo el término personajes como esos nuevos conceptos que se manejan con una familiaridad, a veces, pasmosa: prima de riesgo; rescate; objetivo de déficit; deuda pública; troika; apalancamiento; desapalancamiento... O esos otros, aún más vaporosos: derecho a decidir; paz social; afectados por la hipoteca; escracheremodelación del Estado; devolución de las competencias; reforma de la Ley Electoral; República...

En la controversia clásica entre los lingüistas partidarios de que el pensamiento es anterior al lenguaje y aquellos otros que afirman que es el lenguaje el que construye el pensamiento, yo, desde mi primera clase en la Facultad de Filología, emocionado y aterrorizado a la vez por asistir a un encuentro masivo ante un profesor lejano y vivaz que nos proponía asomarnos al abismo, me decanté sin lugar a dudas por la segunda concepción del pensamiento. El viejo Humboldt, superviviente del Siglo de las Luces, lo explicaba maravillosamente: la adquisición de conceptos nuevos enriquece el pensamiento del Hombre; y con éstos, como nuevas herramientas, puede acceder a otros conceptos más complejos; así, la capacidad de profundizar en sistemas de pensamiento cada vez más elaborados permite al ser humano tomar decisiones, vivir su vida, emocionarse y crecer en muchas más direcciones -radialmente- que si manejara sólo los rudimentos básicos de una comunicación elemental.

Estos personajes en forma de conceptos que han enriquecido el lenguaje de los españoles durante este convulso año y medio, también han hecho crecer nuestra comprensión del mundo, del país en el que vivimos: han modificado nuestra percepción de España.

Ya sabemos todos que la prima de riesgo es un concepto que ya existía antes del cambio de Gobierno; incluso que existía antes de los primeros signos de la Gran Crisis. Pero no había dado el salto mortal que salva el barranco existente entre la jerga financiera y el lenguaje de la calle. La prima de riesgo, para el imaginario colectivo de los españoles, sencillamente no existía. Ahora no sólo existe, sino que existe mucho: está en las conversaciones de café con tostada en los bares; cada telediario, cada corte informativo de la radio nos informa detalladamente de la prima de riesgo española como si de la salud de un moribundo Jefe del Estado se tratara: está mejor; ha recaído; se le ha complicado con una neumonía...

No somos los mismos. No somos los mismos españoles ahora que hace un año y medio. Nuestra Soberanía ha sido puesta contra la pared en un callejón oscuro y, con una navaja arañándole el cuello, tiene que dejarse manosear, lamer lascivamente por alguien semioculto entre tinieblas; alguien que no nos va a asesinar, pero que no piensa retirarse hasta quedar satisfecho a base de extrañas solicitudes: reducir el déficit; recortar el gasto público; bajar la altura de las olas en nuestras costas; disimular el sofoco del sol mediterráneo...

A velocidad de vértigo, las ideas reformistas recorren la Península de extremo a extremo: la estructura del Estado ya no nos gusta; las Comunidades Autónomas se nos muestran de repente como una losa, como una maldición bíblica, como una inmensa mala yerba que hay que arrancar de raíz! La Ley Electoral ha quedado obsoleta; los ciudadanos no nos vemos representados en estos partidos políticos que en escasos treinta años han pasado de ser los héroes de nuestra modélica Transición a un puñado de bandidos. Los sindicalistas tienen que caminar por la calle levantándose la solapa de la chaqueta de pana, por miedo a ser linchados a manos de los trabajadores. La representación parlamentaria se contempla, en suma, como una parodia insultante: "no nos representan!", gritan las multitudes enfurecidas. Miles de perroflautas y de gentes del común se citan para cercar y asediar el Congreso, una y otra vez. Hombres y mujeres que son la imagen de la desesperación se dan la muerte a sí mismos ante la inminencia del desahucio.

En poco menos de año y medio han surgido toda suerte de plataformas, colectivos, lobbys, grupos de presión ciudadana: el 15M, la PAH, STOP Desahucios, Reconversión, Foro de la Sociedad Civil, Partido X, Escaños en Blanco, La Resistencia, Atrapa, DENAES, Jóvenes sin Futuro... Todos estos movimientos significan un anhelo de representación parlamentaria dignificante; algunos de ellos derivarán sin duda en partido político. Pero con qué Ley Electoral podrán sembrar su trigo? Con la misma Ley paródica y ya insultante que rechazamos en masa? Qué futuro les espera a tanto ciudadano deseoso de que haya verdadera Democracia, verdadera Política en España? Serán fagocitados individualmente por estos partidos ciegos que se niegan a rehacer por completo una Constitución desgarrada? Exasperados, ¿se pasarán al lado oscuro de la Fuerza y engrosarán las hordas que a sangre y fuego quieran arrasar no sólo el decorado sino el escenario, las bambalinas y hasta el patio de butacas?

No llega a seis meses el tiempo en el que Cataluña ha plantado públicamente sus pretensiones secesionistas con una claridad que en cierto modo es de agradecer. En mitad de la tormenta económica, los separatistas catalanes, perseguidos por un tropel de delitos contables que maquillan los jueces comprados que en el Condado abundan, huyen hacia delante y lanzan un guante a la cara misma del Estado. El Gobierno, entre pacato y ensimismado, no tiene siquiera la dignidad mínima que se requiere para recoger el guante; y, envainándosela, permite que el resto de los españoles sea insultado un día y otro; permiten que estos delincuentes fiscales y secesionistas nos llamen ladrones a diario en todos los medios de comunicación: dentro y fuera de España. No hay respuesta. No hay amor propio. Sólo silencio administrativo. Y estupor.

Es orgánicamente imposible que el mapa emocional de los españoles no haya cambiado drásticamente en este año y medio. Si, como dicen, la necesidad obliga a evolucionar, los españoles puede que seamos el pueblo que más rápida y profundamente esté evolucionando en todo Occidente. Nuestra idiosincrasia en cierto modo constructiva (el mayor banco de donación de órganos del mundo, que es el español, así lo atestigua) nos está permitiendo no llegar a revueltas sangrientas ni a violentas catarsis explosivas pese a la articulación organizada de las algaradas por la izquierda melancólica. Y con la derecha no hay nada que temer: la democratización medular a la que ha sido sometida durante estos últimos treinta años, profunda y visceral, permite que no se aliente al Ejército a hacer ruido de sables desde los despachos de los industriales; y si algún empresario añorante del franquismo se hubiera atrevido a hacerlo, de inmediato habría sido marcado como un apestado por el Ejército mismo.

Es imposible, como digo, que los españoles no seamos el pueblo que más ha aclarado sus ideas en estos últimos dieciocho meses. Con grandes pérdidas económicas; con altas piras funerarias en las que hemos sacrificado decenas de privilegios que hasta hace poco disfrutábamos. Nos han tildado de frívolos, de derrochadores, de vivir porencimadenuestrasposibilidades; hemos entregado la cuchara; nos hemos bajado los pantalones; hemos dejado de producir, de vender, de comprar, de viajar, de percibir las pagas extra, de tener una atención sanitaria mínima. Despedimos a nuestra juventud en aeropuertos desconchados, quizás para no verlos más.

Pero en ningún momento hemos dejado de reflexionar acerca del origen de nuestra desgracia. En ningún momento hemos apagado la luz de la débil pero digna antorcha que aún portamos en la mano, como un Filípides agonizante. Y con esa penumbra leve -que es casi tiniebla- hemos vislumbrado qué es lo que queremos para nosotros mismos y para nuestros hijos; y para los hijos de sus hijos. Y lo que queremos es detener esta máquina atascada que a cada vuelta de engranaje tose, humea y barrunta espantos de tristeza.

Queremos cambiar la Constitución de arriba abajo. Devolver las competencias esenciales al Estado. Desmontar ordenada pero irreversiblemente la macro estructura llena de aristas del experimento autonómico. Dejar de gastar decenas de miles de millones al año en políticos que realmente, verdaderamente, con la sonrisa eginética que otorga la certeza absoluta no necesitamos. Queremos cambiar la Ley Electoral de la raíz a las puntas. Elegir Diputados de Distrito: uno por cada 100.000 habitantes. Aplicar con todas las garantías la feliz y diamantina Separación de Poderes, verdadero bebedizo que acabará con la corrupción sistémica que padecemos. Necesitamos, es urgente, abolir las desigualdades entre los españoles: derogar el Fuero navarro y el Concierto vasco; que todos los ciudadanos sin excepción contribuyan al amejoramiento de la Nación. Queremos disminuir drásticamente el número desorbitado de municipios. Anhelamos, por dignidad también para ellos, quitarle el aforamiento a los políticos. Nos urge tipificar el Golpismo, el Fundamentalismo, el Terrorismo y el Nacionalismo como los cuatro grandes delitos de Estado que son. Y, agradeciendo los servicios prestados al Rey Don Juan Carlos, quizás declarar la República; sin más miedo que el de que nos quieran retrotraer a los oscuros años en que nos vimos obligados a tomar aquellas decisiones provisionales que hoy conocemos como la Transición.

En año y medio hemos crecido exponencialmente. Corremos el riesgo de parecer una raza de gigantes democráticos. Los políticos que ahora nos dirigen parecen, a nuestro lado, las figuritas de un portal de Belén tardofranquista.
Seamos serios: a la ropa con la que nos vistieron a los españoles durante la Transición le han estallado todas y cada una de las costuras. Llevamos las vergüenzas al aire; los músculos al sol. Creemos, y no nos cabe duda alguna de esto, que ya ha llegado el momento de cambiar de vestuario. Porque la verdad es que necesitamos varias tallas más.

Eduardo Maestre


lunes, 17 de septiembre de 2012

Entrevista realizada por J.Felix Machuca para el ABC



Entrevista realizada para el diario ABC de Sevilla por J. Felix Machuca. 










viernes, 10 de agosto de 2012

Enfermedad autoinmune





No sé por qué llamamos ola de calor africano a estas temperaturas que nos machacan periódicamente; puede que vengan del cielo de África, pero no las fabrican allí; y ni los Gobiernos africanos ni su sociedad civil tienen parte alguna de responsabilidad en que el Planeta genere sus sofocos en el aire y los mueva donde le plazca sin pagar aduanas ni aranceles, sin pedir permiso a la Merkel ni al Bundesbank. Enfín (todo junto y acentuado, sí): que yo le quitaría los colgajos geopolíticos y la dejaría en ola de calor tremendo.
Pues bien: no sé si será por esta ola de calor tremendo que asola los paisajes de Mairena del Aljarafe, aquí en Sevilla, o por el veranito que nos están dando nuestros representantes electos con su manía de aplicar medidas dictadas desde fuera de España, en esas ciudades pulcras y ajardinadas en donde desconocen estas olas de calor recurrentes; pero lo cierto es que, cada día que pasa, veo cómo nos encaminamos sin remisión hacia un conflicto internacional de proporciones imposibles de calibrar.

Tenemos la sensación (y cuando utilizo el plural es porque lo huelo a mi alrededor) de haber sido abandonados a nuestra suerte por los políticos que elegimos para que se hicieran cargo de nuestros problemas. Todos los políticos: Gobierno y oposición. Todos. No se les oye; no se les ve en la tele.
Acaso han desaparecido? Es de suponer que no! Pero pasan tanto tiempo en los pasillos de los altos hornos de Bruselas, de Berlín y de vaya usted a saber qué otro foro, que han descuidado la delicada tarea de asomarse a menudo al balcón de los medios de comunicación españoles para que sepamos que aún respiran.

Tengo la certeza de que están vueltos de espaldas; tan prendidos de los ojos de la Hidra, tan hipnotizados por los cantos de sirena del Euro que ningún bálsamo ni bebedizo podrá ya volverlos a la Soberanía que abandonaron. Estamos solos, navegando en el mar de los sargazos en el que la enfermedad autoinmune que le ha surgido al Capitalismo de toda la vida ha convertido nuestra Realidad.

Y es que, en mi opinión, los empresarios clásicos, los hombres de negocios de siempre, los verdaderos emprendedores, cuyo objetivo último en la vida ha sido desde siempre producir, manufacturar, urdir una red comercial que les permita crecer y extenderse están siendo barridos del mapa por una especie de enfermedad inesperada que le ha salido en las vísceras al Capitalismo. Ningún verdadero empresario habría vislumbrado, ni en su peor pesadilla, el exterminio de las clases medias y el subsecuente empobrecimiento del Pueblo; sencillamente porque las clases medias son y han sido desde hace cientos de años la madre nutricia del Comercio: para todo hombre de negocios, nuestro empobrecimiento es su suicidio.

Es por eso que yo, que no tengo la más remota idea de Economía, intuyo sin embargo que el triunfo planetario del Capitalismo, que se ha instalado cómodamente hace ya décadas (sin más resistencia que Estados anecdóticos como Corea del Norte o Cuba), lleva dentro su propia destrucción, su enfermedad autoinmune, cuyo nombre terrible es de todos conocido: la Ingeniería Financiera.

Y es que una cosa es el Comercio y otra bien distinta son las Finanzas. Montar una fábrica de ladrillos y procurar la mejor calidad y la máxima difusión del producto que allí se cuece (nunca mejor dicho) es una cosa; y otra bien distinta es lanzar la propia empresa a jugar en la Bolsa. Cualquier historiador sabe que la Bolsa es un invento de finales del Quattrocento que en el Cinquecento llegó a expandirse y a seducir a banqueros, burgueses acaudalados, terratenientes y gobernantes atrevidos. Tan es así, que las grandes bancarrotas de la Historia, antes impensables, comenzaron en el siglo XVI: recordemos a Nuestro Señor Don Felipe II y sus sucesivas quiebras generales, que llevaron el dinero de las Américas a manos de los banqueros genoveses y centroeuropeos dejando a España esquilmada y al Imperio Español a los pies de los caballos, ocasión que aprovecharon inmediatamente los por aquellos siglos mediocres países europeos (Francia, Italia, Alemania e Inglaterra) para tumbar al gigante español de una vez y para los restos.

La Bolsa… Qué es la Bolsa sino virtualidad, chismorreo, humo? Qué tiene que ver la construcción de planchas de acero con la especulación bursátil? Cómo puede tener más influencia en el Comercio el nombramiento o el cese inminente de un ministro que los años de experiencia de un industrial en la fabricación de cocinas? Es impensable, no? Sin embargo, así es! Y la cuestión es ésta: el Comercio responde a la Vida Real mientras que la Bolsa es pura especulación, puro espejismo, pura posibilidad. Pero esta virtualidad se traduce en ganancias o pérdidas inmediatas de Capital: un juego crudísimo que destroza familias enteras o ensalza a auténticos patanes en un golpe de fortuna.

Siendo así, el Capitalismo ha llevado una vida expansiva desde el siglo XIV hasta antes de ayer; porque, conteniendo en sí mismo el germen de su propio dolor, ha sabido siempre poner coto a un exceso de virtualidad, logrando imponer la visión de la Realidad en todo momento. La única vez que se le fue de las manos y descuidó la producción para atender en exceso los juegos de azar fue en 1929; y ya saben ustedes lo que pasó: vino el Crack y luego la Gran Depresión, que afectó a los yankees -principales responsables de la debacle, como ahora- y luego asoló Europa, dando lugar a que la amargura y la impotencia de los ciudadanos, privados de repente de sus bienes, sus trabajos y sus costumbres, vieran con una enorme tolerancia la llegada y el ascenso de la chusma fascista, gentuza impresentable que si en los alegres Veinte eran motivo de burla y chanza en las fiestas, en los Treinta lo fueron de terror; y en los Cuarenta, de espanto y destrucción.

Sin embargo, ahora estamos ante una escalada mucho peor que la que provocó el Crack del 29. Ahora, viendo como se está viendo que países enteros están siendo asaltados por una extraña e inexplicable Voluntad Mercantil (los Mercados; la Bolsa; las agencias de rating); que sus gobiernos han sido depuestos sin necesidad de utilizar las armas (Islandia, Irlanda, Grecia, Portugal, Italia… y próximamente España); asistiendo diariamente a las consecuencias terribles de estos envites, la agresión continúa, inmisericordemente. La enfermedad autoinmune que asola Europa y que está dentro del Capitalismo, lo ataca inmisericordemente y está acabando con él.

Es lo que tienen las enfermedades autoinmunes: que son los mecanismos de defensa del propio organismo los que se atacan a sí mismos, pues no reconocen como propias determinadas proteínas; las creen un elemento invasor y se lanzan a su destrucción. Del mismo modo, los elementos financieros que durante siglos han convivido con el Capitalismo, y que fueron generados por éste para su crecimiento, su expansión y su defensa, se vuelven contra él: las agencias de rating definen un objetivo (un Estado! Con todos sus trabajadores, sus hijos lactantes y sus vendedores de zapatos!); lo marcan con una estrella de David; en la Bolsa se apartan de él como si fuera un apestado; sus valores virtuales caen en picado; piden ayuda –también virtual- a países no señalados por el dedo de Dios; éstos exigen medidas restrictivas a cambio. Y cuando ya no pueden más (porque no hay gobernante democrático que sea capaz de estrangular a sabiendas a su propio pueblo), han de ser sustituídos por un equipo técnico (los tecnócratas! Los hombres de negro!) que viene del Norte: hombres enjutos con gafas oscuras y sin gestos delatores; equipos directivos sin amigos ni conocidos en los estamentos del Poder; gestores que sólo han de rendir cuentas al Bundesbank; ni siquiera a la Merkel.

No se dan cuenta de lo que está ocurriendo. Son una enfermedad autoinmune. Porque si se percataran de que están acabando con la Clase Media europea, la que les compra los televisores, los frigoríficos, los coches de alta gama; si se dieran cuenta de que empobreciendo al Sur de Europa están creando las condiciones óptimas para una revolución sangrienta, tengo la certeza de que estos devaneos financieros llevados adelante con la excusa de fortalecer el Euro cesarían de inmediato.

Pero no sólo no aflojan, sino que no cesan de apretar. Los grandes inversores, los súper capitalistas de siempre han dejado de venir a España en los últimos meses, porque están contemplando, aterrorizados, que esto se les está yendo de las manos. Nadie quiere invertir en un país estigmatizado por esos glóbulos blancos que antes servían para defendernos y ahora se han vuelto irresponsablemente contra el organismo que los sustenta.

El Capitalismo tiene una enfermedad autoinmune; lupus eritematoso o cualquier otra barabaridad: no soy médico, ni tengo idea alguna de cómo llamar a esto. Pero sí tengo las luces suficientes como para augurar la muerte inminente del Capitalismo clásico, que tan bien ha funcionado durante siete siglos (con sus luces y sus sombras, por supuesto). Más que muerte, es un suicidio. Y nuestros políticos, elegidos por el Pueblo para que nos gestionen la Soberanía, se han dado la vuelta y, como abducidos, se han convertido en parte esencial de esos glóbulos blancos que han perdido la capacidad de reconocernos como Su Organismo.

Si no ocurre un milagro civil (por descontado, una Revolución), estamos a punto de presenciar el Fin de Occidente; en nuestro lugar, en nuestras ciudades y en nuestros barrios emergerán costumbres y gentes extrañas que nos gobernarán: las de los pueblos que hasta ahora considerábamos tercermundistas. Adiós a la idea de Libertad. Adiós al concepto lineal de Progreso.

Es evidente que no sé nada de Economía; pero como no paralicemos la Bolsa, como no acabemos con las agencias de rating; como no seamos capaces de hacer algo que corte por lo sano (por lo poco sano que queda!) esta enfermedad autoinmune que está acabando con Europa, asistiremos estupefactos a nuestro propio funeral como Cultura. Y quienes irán dentro de la caja, entrelazadas sus manos, serán Europa y los Estados Unidos de América.


jueves, 9 de agosto de 2012

La cajera del Mercadona


En una esquina del exterior del supermercado, llorando, aterrorizada, contemplando incrédula lo que estaba pasándole a ella, a su supermercado, temblaba la cajera del Mercadona, el supermercado que estaban asaltando los del Sindicato Andaluz del Trabajador, el SAT. En su pómulo derecho, casi a la altura del ojo, se veía la huella infame de algún golpe recibido en la refriega.

Una mujer golpeada en la cara es una sentencia de muerte para cualquier Civilización. Estos sindicalistas eufóricos, jaleados por Juan Manuel Sánchez Gordillo -ese grano purulento en el culo de su propio partido, Izquierda Unida-, han golpeado a varias mujeres en el asalto.

Ay, Juan Manuel Sánchez Gordillo! Ay, Juan Manuel: tu nombre compuesto nos retrotrae por un momento al Conde Lucanor para luego arrojarnos en un tobogán psicotrópico de miseria personal que nos deja caer sin frenos en tu deplorable universo lleno de pósters del Ché Guevara, expropiaciones de fincas y subvenciones pagadas por todos nosotros para que tú, engendro postfranquista, convoques reuniones estalinistas en tu pueblo, ese erial de la inteligencia quemado y con olor a alcachofas: Marinaleda.

A dónde hemos llegado? Hasta qué escalón inmundo bajo el suelo de la permisividad general hemos conseguido bajar? Cómo es posible que un perfecto gilipollas como Juan Manuel Sánchez Gordillo (qué magnífico nombre para tan poca cosa!) haya llegado a obtener el Acta de Diputado que le permite salir indemne de cuantas tropelías se le ocurran cometer? Qué especie de Limbo sin Ley es Andalucía? Cómo se puede permitir que un individuo de este jaez campe a sus anchas por medio de la calle tras la agresión indefinible a estos supermercados?

Porque una cosa es un gesto simbólico y otra un saqueo en toda regla! Si este berraco hubiera llamado a los periodistas para sacar de Mercadona un paquete de arroz de un kilo, habría sido un acto simbólico verdadero: un kilo de arroz no alimenta a las miles de familias que están más allá del umbral de la pobreza, pero representa una acción; llama la atención acerca de un mal general como es el hambre, que ya nos atenaza a los españoles. Un kilo de arroz. Un kilo de lentejas. Una barra de pan: ésos son actos simbólicos.

Pero 13 carros de Mercadona llenos hasta las trancas... Por favor! Trece carros? Qué hay de simbólico en trece carros de supermercado? Eso es saqueo! Lo simbólico deja de serlo cuando es mayor el significante que el significado del símbolo! Es como si, en vez de poner una señal de tráfico con un adulto acompañando a un niño (paso de peatones con salida escolar), pusieran a cuarenta y seis madres y padres acompañando a cincuenta y dos niños con sus mochilas y sus babys, todos a tamaño real, y pasando realmente una y otra vez por el paso de cebra! Adiós al símbolo!

No: esto no ha sido un símbolo; esto ha sido una ocurrencia de este paniaguado por la Junta de Andalucía para hacerse propaganda; amparándose, además, en su Acta de Diputado para no temer represalia alguna por parte de la Ley. Una ocurrencia significativa, aprovechando la ruina que tenemos encima los andaluces; una ocurrencia demagógica, pues éstos jamás se atreverían a meterle mano a los presupuestos que ellos mismos acaban de firmar, con decenas de millones de euros empleados en estupideces supuestamente solidarias con otros países. Jamás se atreverían a renunciar a los cientos de miles de euros que el Estado les regala anualmente para sus cervecitas tras la manifestación de rigor y para sus enjuagues privados.

Se reúnen en un bar por la tarde; y cuando ya llevan varios vinos y cervezas con aceitunas, a uno se le ocurre la idea genial: vamos a asaltar el Mercadona! Risas, cachondeo y otro cigarrito (allí dejan fumar dentro de los bares!). La cosa va tomando forma: vosotros vais por allí y yo por acá; éste trinca un carro; tú, otro. Y si oponen resistencia, a hostias! Son mujeres! Y además, vamos a ir doscientos! Yo me llevo el megáfono! Viva Andalucía libre! Viva el comunismo! Pon cinco botellines más, Rafael!

Lleno de estupor, contemplo una y otra vez la cara de esa cajera del Mercadona que intentó resistirse al asalto de hombres fornidos, hombretones del campo, jayanes del Sindicato Andaluz del Trabajo, bestias inmundas que empujaron a las cajeras con sus brazos jornaleros sobrealimentados por el PER y los subsidios, animales sindicales llenos de megáfonos y erizados de mítines que no tuvieron empacho alguno en golpear la mejilla de esa mujer, dejando en ella y en su llanto aterrorizado la marca indeleble que sólo dejan los hombres cobardes.

Venid, sindicalistas; empujadme a mí, que peso más de 100 kilos; partidme a mí la cara si tenéis los cojones que creéis tener. Acercáos con el payaso del megáfono detrás, jaleando, escondido bajo vuestras espaldas de chicarrones del campo. Venid y empujadme como habéis hecho con esa pobre mujer a la que habéis aterrorizado con vuestras bravuconadas y vuestra poca hombría. Aquí os estoy esperando, con las gafas puestas, a que me las partáis. Venid, cabrones, maltratadores, eunucos.

Venid, sindicalistas de mierda. Que es un solo hombre el que os está esperando.

viernes, 6 de julio de 2012

Carmencita vendió un cuadro.


María del Carmen Rosario Soledad Cervera Freifrau von Thyssen-Bornemisza de Kászon et Impérfalva, también conocida como Tita Cervera, ha vendido un cuadro.

Hasta aquí, nadie podría decir nada en contra; ni a favor: si alguien tiene un cuadro que es de su propiedad y lo quiere vender, allá él. Pero, claro, si al cuadro se le sacan casi 28 millones de euros, pues se convierte de inmediato en noticia de interés común; porque la verdad es que no es normal sacar a subasta un cuadro y que alcance estas cifras brutales.
La casa de subastas Christie's se ha quedado un pico, pero a la viuda del Barón von Thyssen le han caído casi 24 milloncejos limpios: cash flow, que le llaman los gilipollas; dinerito contante y sonante, para los castizos.

La familia del difunto Barón está que trina, porque al vender este cuadro de forma independiente, Carmen, Carmencita, ha fastidiado de algún modo la colección en la que dicha obra estaba inserta, desvalorizando así -eso dicen- las demás obras que conforman dicha colección. Total: que Tita, Carmencita, se ha liado la manta a la cabeza y ha vendido La Esclusa, un cuadro que está considerado, según se desprende de la valoración que de él hacen los expertos, una de las obras más importantes de la Pintura inglesa de todos los tiempos. Y todo porque, según Carmencita, tenía problemas de liquidez.

Hay que comprender a Carmencita: una viuda como ella, que es viuda ma non tanto, tiene muchas obligaciones a las que hacer frente: el tren de vida que ha llevado desde que flirteaba con todo lo que se movía en Hollywood hasta que sentó la cabeza sobre el mullido diván tapizado en seda de la aristocracia húngara, conlleva muchos gastos. De modo que hasta la aristocracia tiene que tirar de lo suyo para poder llevarse algo caliente a la boca. Y ya sabemos que Carmencita ha sido siempre mucho de llevarse a la boca algo caliente.

La hija del difunto Barón, Francesca de Habsburgo-Lorena (Dios mío, qué nombres tan hermosos se gastan estos aristócratas!), está que echa chispas por sus nobilísimos ojos; y va por ahí diciendo, a raíz de la venta de este cuadro, que ni España ni los españoles son gente de fiar; que éste no es un país adecuado para seguir albergando una colección de obras de arte como la que legó su padre a la Humanidad.
Y aquí es donde yo siento que se me va la cabeza y la tensión arterial me sube unos puntos; pero, ojo: no porque abomine de los españoles, que eso es ya un deporte entre los centroeuropeos, sino porque la sola idea de que una familia, por mucha pasta que tenga, aglutine y controle un número altísimo de obras de arte a su antojo y voluntad, especialmente sin haber pintado en su vida ni un monigote en un folio, me asombra, me espanta y me revuelve las entrañas. Y aunque Francesca de Habsburgo-Lorena, Baronesa de Thyssen-Bornemisza, probablemente una de las galeristas mejor relacionadas en el estomagante mundo de la especulación artística diga misa en magiar, lo cierto es que no es una artista plástica ni lo ha sido nunca, por más pasta que gane montando bienales e instalaciones.

Y es que, sinceramente, la obra que ha vendido Tita, Carmen, Carmencita, será un hito extraordinario para los entendidos en Arte; puede que en ella se concentren los avances asombrosos que John Constable hizo acerca de cómo la luz se refleja en las nubes, cómo se pueden plasmar los infinitos colores y sombras que el agua es capaz de ofrecer a nuestros ojos: una maravilla del oficio de pintar; pero la noticia de su existencia, para el gran público, ha sido a raíz de haber conseguido Carmencita con su venta 24 millones de euros, billete sobre billete, para sus gastos cotidianos, que sin duda serán ir al súper, echar gasoil, pagar la hipoteca, dejar a los niños en la guarde subvencionada, comprar la crema antiarrugas del Mercadona, etc.

Al grano: lo que me cabrea es imaginar lo bien le habrían venido al pintor, en su momento, algunos de estos euros (libras, porque era inglés) y poder pagar a un médico de los caros para que tratara a su mujer, María Bicknell, que murió de una simple tuberculosis; murió por no poder pagarle un traslado a un balneario de montaña para que cambiara de clima. La pobre María, después de parir siete niños, agarró una tuberculosis de las que sólo Inglaterra es capaz de ofrecer, y, por la falta de recursos económicos domésticos se murió, dejando al pintor, que la amaba con locura, sumido en una depresión que acabó con él en unos pocos años.

Qué bien le habrían venido a John Constable y a su mujer no ya 24 millones, sino cinco o seis mil euros (me refiero a su equivalente en libras de la época, claro) para poder llevar a su amada María a un clima seco a respirar el aire puro; por ejemplo, a las montañas suizas. Se habría curado, sin duda, y habría vivido feliz junto a sus siete hijos y a su amante esposo John. Pero no fue así; de hecho, cuando Constable presentó el cuadro en público, la gente no apreció los avances extraordinarios que este paisajista genial había conseguido plasmar en el lienzo, cuyas nubes parecen moverse ante los ojos del espectador, cuyo arroyo parece salpicar los pantalones del que contempla la tela. El cuadro, sin embargo, se vendió como cualquier otro paisaje, y John, agradecido, volvió a su casa a rezar a su Dios anglicano y a suplicar clemencia por la vida de su mujer.

Qué más da que Carmencita haya reventado la colección, separando este cuadro de la misma? Qué me importa a mí que Carmencita, que entiende de Pintura lo que yo de rugby, se embolse ahora veinticuatro millones de euros (que son cuatro mil millones de pesetas de las antiguas, eh?) por la enajenación de un cuadro que ni ella pintó, ni ella compró, ni siquiera ella eligió para que formara parte de una de las colecciones de su difunto barón? Quién narices se cree que es Francesca de Habsburgo-Lorena para dictar las leyes a seguir en materia de Arte? Qué cuadro extraordinario ha pintado la hiperpija heredera de los Bornemisza? Qué mármol ha esculpido magistralmente? Qué efectos de luz, qué claroscuros, qué texturas, qué estudios de anatomía deconstruida ha publicado esta aristócrata hispanófoba con nombre de mantenida italiana para permitirse señalar en qué lugar del planeta debe asentarse una colección de obras de arte?

Qué importa, además? María Bicknell ya se murió, escupiendo sangre en pañuelos de hilo de Stanford. Ya su marido, el pintor enamorado, consiguió morirse de pena unos años después. Qué importa ya que ese cuadro  haya sido separado de otros del mismo autor? En qué nos podría afectar, a los que verdaderamente consideramos que el Arte es producto de la circunstancia y el momento de la vida del autor, que ahora ese lienzo lo haya comprado otro multimillonario para colgarlo en uno de los salones de su mansión con el único objeto de vanagloriarse ante los invitados de haberse gastado 28 millones de euros en un cuadro?

Sí, señores! Me parece muy bien que Carmencita pueda volver a pagarse el cirujano plástico, las copas de Möet & Chandon de cada noche loca, el mantenimiento del yate y los gastos de los mulatos de enorme polla que sin duda le alegrarán los próximos años gracias a la venta de uno de sus bienes, heredados legítimamente tras la muerte de aquel hombre tan serio, tan mayor, tan aristócrata y tan Bornemisza. Por lo menos, y aunque ya sea muy tarde para alargar unos años la vida de María Bicknell, al menos podrá alegrar la de Carmencita Cervera.

Además (y esto debo confesarlo en voz baja), en el fondo de mi corazón hay un orgullo oculto, escondido, agazapado; porque me considero perteneciente a un club indestructible: el de los artistas desconocidos; el de los artistas pobres; el club de aquéllos que pintan, que componen, que escriben sin esperar reconocimiento ni dinero; el club de los parias, de los que ya nada esperan -salvo que les dejen tiempo para pintar, largos ratos para escribir, horas para componer. Es éste un orgullo compartido en silencio, una fe sectaria que sólo se podrá apagar con la propia muerte, una dignidad arcana compartida tácitamente con aquellos otros artistas, también desconocidos, que del mismo modo perdieron toda esperanza de reconocimiento y, pese a todo, siguen inventando fruslerías.
Y es éste el orgullo que revienta de alegría en mi corazón cuando sé que, aunque hoy día mi propia obra no sea tenida en cuenta, quién sabe si en el futuro un cuadro humilde, una sonata inédita o un poema autógrafo servirán para sacar de un apuro momentáneo a una viuda alegre, a una cortesana de lujo: a una nueva Carmencita!


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