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lunes, 12 de abril de 2010

Día del Orgullo Inteligente


Estoy harto de que en la cola del supermercado me pidan "la vez", como si ese concepto pudiera uno entregarlo graciosamente sin tener en cuenta al que venga detrás del parásito que lo solicita y que se marcha por la cara, cargándote de una responsabilidad que no has tenido tiempo de declinar.
Estoy, igualmente, hasta las narices de escuchar cómo se destroza la Sintaxis (que es lo mismo que destrozar la Inteligencia) en las entrevistas, en las ruedas de prensa, en los programas de radio y televisión supuestamente serios. Me restallan como látigos las expresiones descoyuntadas, los solecismos, las series tipo naranja+manzana+pera+trópico, que salen indemnes de la boca indemne de cualquier busto parlante.

Me repatea el discurso fragmentario de Zapatero, con esas pausas que desconectan unos conceptos de otros y terminan desarticulando el mensaje general y desquiciando mis sinapsis neuronales, que buscan, corren, olfatean, ladran y finalmente aúllan por haber perdido el hilo que ensartara esas perlas manidas que desparrama el Gran Aburrido sobre los pupitres altos en los que apoya su aburrimiento congénito. Me subleva el discurso masticado y estomagante de Rajoy, con su pipipipí y su pupupupú, sus próxima-parada:sensación-aplauso.

Peor es no llamar a las cosas por su nombre; me aburren las perífrasis temerosas de molestar; me enfadan los eufemismos: nadie dice ciego, inválido, negro o insoportable; sino invidente, disminuido, afroamericano o hiperactivo. Nadie dice viejos, ni canija, ni terroristas; sino mayores, anoréxica y peneuvistas.

Esto, en cuanto a la utilización vicaria del lenguaje. Pero esto no es todo; lo peor son los excesos permitidos en nombre de la Tolerancia. Llevo años aguantando gente tibia de corazón, neutrales indefinidos que con su actitud bienintencionada y su no intervención en asuntos de evidente injusticia favorecen que los malos se salgan con la suya. Me repugnan, de entre los cobardes, los eufemistas, que no se atreven a llamar por su nombre ni a las personas ni a los hechos que las definen, y que acaban como Fernanda del Carpio en Cien Años de Soledad, que por no atreverse a llamar a las cosas por su nombre, se despertó una mañana con una cicatriz que le llegaba desde la ingle al esternón, producida por los médicos invisibles, que no habían sido informados convenientemente por la paciente a causa de esa manía de Fernanda de eludir términos como vagina, ovarios o vulva.

Llevo toda la vida soportando libertadores a la fuerza: éstos que, sin tener en cuenta la complejidad de las circunstancias de cada uno, se empeñan en liberarte de lo que a ellos les parece una manía o trauma; y te ponen en situaciones de alta tensión que no sólo no resuelven el supuesto problema, sino que impiden que se solucione para los restos.
Me ponen enfermo los que te preguntan y vuelven a preguntarte mientras les estás respondiendo; los que no siguen un orden lógico de comunicación; los que, habiendo un moderador que otorga un turno de intervención, se lo pasan una y otra vez por el forro; los que se encuentran un sobre cerrado en la calle, con la dirección ya escrita, y la abren, en vez de echarla a un buzón para que siga su destino.

Me joden los que me culpan de las masacres de los conquistadores españoles en América del Sur. Pero me joden más aún los que ceden a este chantaje superlativo y, sin serlo, se sienten culpables de estos hechos históricos, dando la razón a los fanáticos revisionistas de la Historia, como si la Historia fuera una sucesión de hechos encadenados en los que hubiéramos intervenido los vivos de hoy.
Hasta las narices estoy de que me culpen del hambre que azota al Planeta; y de los que en las reuniones de los bares me incluyen entre los que miramos hacia otro sitio en vez de abandonar de inmediato la copa de rioja y la tapa de ensaladilla de gambas para hacer un macuto y marcharme a Etiopía a combatir la desorganización y el caos que allí son endémicos.

Pero sobre todo, me tienen hasta las narices los que, ante cualquier manifestación de interés por la Humanidad, expresada en forma de tema a debatir, me han coaccionado siempre y de manera radical con la consabida frase "yo no me como tanto el coco", tirando por tierra cualquier atisbo de percepción inteligente, arrastrando por el fango de su incapacidad mi curiosidad por los entresijos del Mundo y el Hombre. Éstos son legión: patinan sobre la epidermis de lo cotidiano sin un mínimo interés por las capas profundas que lo sustentan; vuelven la cabeza con una sonrisa de lástima por el que se pregunta en voz alta sobre el origen de los conflictos.

Por qué he de aguantar que la ineptitud de tantos imbéciles campe por sus respetos sin coto ni medida? Una cosa es que procuremos no andar todo el día poniendo de manifiesto las taras intelectivas de tanto capullo que por el éter pulula, y otra bien distinta es que, además, tengamos que agachar la cabeza por haber mostrado interés en asuntos de cierto calado. Por qué he de esconder mis lecturas? Por qué debo casi disculparme por sacar el tema de... No sé... La Inviabilidad de la Pareja como Estructura? Acaso puede haber una mayor muestra de amor por el Amor? Debo avergonzarme por sentir un inusitado interés por la Política, incluida la de Aristóteles? Tengo que permanecer impasible ante las intervenciones manifiestamente torpes -cuando no zorrunas- que contemplo en los claustros a los que ineludiblemente debo acudir? Debo avergonzarme por adivinar a dónde va a parar el deslavazado discurso de la imbécil teñida a mechas un cuarto de hora antes de que ella misma acabe de desestructurarlo?

Por qué he de sufrir que se deslegitime mi intuición? La intuición es la única herramienta de la que dispongo que casi nunca me ha fallado! En aras de qué o de quiénes debo achantarme y someter este regalo prístino que es la intuición y que, por el poco espíritu o la debilidad cognitiva de muchos, se ha convertido en una vergüenza que debo ocultar? Por qué debo dar explicaciones por disfrutar viendo uno de esos programas televisivos tan instructivos en los que se publicita la prostitución de lujo (y que llaman del corazón) y cuando acaba, leer el Ulises? Acaso hay mayor definición de Humanismo?

Nos rodean los tergiversadores, los demagogos, los que hablan sesgando la información, los buenistas, los bienintencionados, los tibios de corazón, los imbéciles ocurrentes (éstos son peligrosísimos), los eufemistas cobardes, los radicales de la liberación personal, los místicos que te hacen sentir que no te has duchado, los paralíticos emocionales, los fanáticos de la Culpa, los que revientan la Sintaxis y pretenden ser entendidos, los que no asumen sus responsabilidades pero mantienen el cargo, los que ridiculizan que tengamos ganas de saber quiénes somos...

Ya basta! Desde este instante, y para protestar organizadamente ante tanto abuso, propongo que se fije una fecha para recordar, a todos estos perfectos gilipollas, que por su actitud cercana al fascismo estamos sufriendo desde nuestra compleja infancia un continuado maltrato psicológico (cuando no físico); y que dicho maltrato queda impune constantemente. La fecha que propongo es el 28 de Agosto, día en que nació Johann Wolfgang von Goethe, uno de los hombres más lúcidos, inteligentes y ocurrentes que ha dado la Humanidad, cuya vida llena de encontronazos con la Estupidez, y cuya Obra monumental y extraordinaria demuestra que no hay que tener contemplaciones con los idiotas.

Propongo celebrar el Día del Orgullo Inteligente el próximo 28 de Agosto.

Ya está bien de pedir disculpas por las propias capacidades! Y de cargar con "la vez" de los imbéciles en el supermercado! Alguien lo tiene que decir: "la vez" no existe como ordinal; es un concepto; y además, intransferible!

Eduardo Maestre

viernes, 5 de marzo de 2010

Hugo.

No debo tomar más carne de curapallote en la cena: me hace mal; me da gases. Además, me meo encima. Dónde ha puesto Amadeo las gafas... Ah! Mira, las puse yo ahí en la cómoda. Si estas gafas dejaran pasar la verdadera intención del que me está hablando... Amigo! Amigo mío, si estas gafas me dejaran ver qué piensan los emeverristas, cabrones, que me dan cepillo y luego... Carajo con el curapallote! Dónde se esconde Amadeo? No más pide uno que lo dejen acostarse solo y -la puta de Apure!- van y se lo toman en serio! Bueno, me pongo las gotas yo, qué carajo! No sobreviví al golpe de los dos días por torpe! Me las sé poner! De cualquier manera, Amadeo debería estar para todo lo demás.

...Para todo lo demás. Que ahí está el Señor Presidente para enseñar a leer a los bobures y a los cabrones de los taparitas, que no se dejaban, carajo de indios! Ahí está el Señor Presidente para sacar la República adelante, contra los latifundistas y contra los fascistas de las petroleras. Ahí está el Señor Presidente para cantarle las del alba al mismísimo putito de Colombia en su cara de gringo, y ahora no aparece Amadeo por ninguna parte para que me ayude a ponerme las gotas de los ojos! Coño, qué estrecha me queda la camisa! O será cosa del curapallote, con los gases de mierda que me dan por las noches. Este huevón de Amadeo! Váyanse al carajo, gotas, que me las pongo yo!

...Otra vez me estoy meando, carajo? Para qué tánta alarma? Si luego voy y no saco gota, viejo!

Esta cama está más alta que anoche. A ver? Anoche y antesdeanoche estaba más baja, no? O me la han calzado, los cabrones, para hacerme ver que estoy más viejo y que menguo! No... No está más alta: está igual. Me cago en la puta de Apure con tanta desconfianza en los que tengo cerca! La abuelita Rosa, mi viejita Rosita, que me obligaba a desconfiar hasta de mis hermanos, carajo! Y cómo le cundió a la vieja, que luego no hubo en la Academia un chamo que me largara un billete chimbo! Y eso que me las andaba de bonche casi a diario! Venga y venga fiestas de pinga! Y qué bien me enseñó la abuelita Rosita, que no hubo luego ni una cuaima que me pudiera trajinar; ni una puta que me atascara las manos! Bien que aprendí a desconfiar, abuela! Aunque... Eso sí: no las vi venir cuando lo de Pedro Carmona... Cuando los cabrones... Cuando aquello de los dos malos días... Cabrones, hijos de puta: ahora estáis en Colombia; ahí os den por el culo, comemierdas! Que ya no entráis aquí ni aunque yo fuera con los pies por delante, carajo! Me querían negrear, como si fuera un choro, un malandro sin catecismos! Cabrones! Ya pueden pelar gajo, turcos de mierda, que no verán amanecer en Miraflores!

No me he puesto las gotas bien. Y ahora, con lo oscuro, me parece que veo como biselado. Me cago en la puta de Apure y en su descendencia! Hay que tener ojo pelao con la edad, hermano! Dónde carajo andará Amadeo? Ya no lo llamo. Ya no, que luego se echa los palos y se va de la lengua con que su Presidente se queja de vicio. No. Que luego se sabe todo y en público se te suben a la barba. O se te suben los que no deben. Como lo del Rey! Qué bien me caribeó, el sifrino del Rey! Oye! Y qué cojones le echó, el vale! Porque la verdad es que, al final, es el único, fíjense bien, el único que me gusta de esa corrala de españoles sin huevos, con ese zanahoria que tienen de Presidente, que no sabe más que sacar la piedra y venga a sacar la piedra con los jueces! Ande, carajo, con la puta de Caracas, y deles a los jueces putitos con la mano abierta en los ijares, hermano!

Y mañana, a torear de nuevo con los políticos españoles; venga a dar la matraca con la ETA. Y a mí me vienen con terrorismos! A mí, que me eché un pulso con la Muerte más de tres veces! A mí me va a venir un mameluco a pedir explanations... Anden a buscar otro perro que no sea tan listo! A mí me quiere el pueblo porque soy del pueblo! Yo soy el Pueblo! Llevo el alma de Bolívar en mis genes! Arrastro al Pueblo y se me llena de puro pueblo Aló Presidente todos los días! Váyanse, cabrones, con sus separaciones de Poder a jalar mecate a otro país, que en éste no encontrarán más que a hombres que se visten por los pies!

Pero... Qué?

...Otra vez me lo hago encima. Carajo, que no doy con la luz! La puta de Apure!

...Amadeo! Amadeo!

jueves, 25 de febrero de 2010

...Poor Teddy!


No me acuerdo en qué año, pero sí recuerdo que, cuando me llamaron para componer la música de un programa que se iba a emitir en Canal Sur (la de ellos), me dijeron que lo iba a presentar y dirigir Consuelo Berlanga, que se iba a llamar "Qué pasó con...", y que iba a emitirse, en prime time, los miércoles por la noche.
También me dijeron que la música debía ser nostálgica a la vez que inquietante; con un toque pop, pero algo siniestro, sin llegar a ser de miedo; algo, en resumen, "parecido a la banda sonora del Exorcista, pero más dulce" (cito las palabras textuales de quien me contrató por teléfono).

Me puse manos a la obra, todo ilusionado; para hacer esta música, conté con la ayuda técnica de mi entonces casi hermano José Manuel Vaquero, "el Pájaro", excelente músico, teclista y habilísimo con todo lo que supusiera soportes electrónicos. Cuando entregué el material sonoro, me pidieron, además de la cabecera, cortinillas para los anuncios y ráfagas para las entradas y salidas del programa; en definitiva: la rutina de la composición para televisión. Así lo hicimos, y la música plugo sobremanera a Consuelo Berlanga. Ya sólo faltaba que el programa tuviera éxito para empezar a recaudar las regalías (hoy conocidas como royalties) derivadas de tan suculento programa. Yo cobraría un 83% como compositor y el Pájaro, en concepto de técnico, el 17% restante. Esto es: nos íbamos a forrar!
Nos íbamos a forrar... Porque no sólo se emitía en prime time los miércoles, sino que era tal su éxito de audiencia que lo repetían los jueves por la mañana; para colmo de venturas, se exportó a la televisión extremeña; y finalmente a Telemadrid. Es decir: las cuentas que me salían entonces, hace casi 20 años, en que se pagaban entre 7 y 10 pesetas por segundo de música, eran cuentas millonarias. Porque no sólo me tenían que pagar regalías por la cabecera del programa y sus ráfagas, sino que, cada vez que lo anunciaban durante la semana (que era constantemente), también cobraba yo derechos de autor. Y si multiplicamos por la televisión de Extremadura y Telemadrid... Bueno, bueno... Millones de pesetas de los de hace casi 20 años! Millones!

Pero el primer año sólo cobramos 80.000 pesetas: el Pájaro, unas 10.000 pelas; y yo, menos de 70.000. Fui a reclamar a la SGAE; me atendieron muy cordialmente y me entrevisté con un abogado que me dijo que las televisiones públicas se negaban a pagar derechos de autor, y que estaban en juicio, pero... Que nos olvidáramos de cobrar, de momento.
Con el paso de los años, he ido recibiendo 25.000 pesetas una vez; 315 euros años después... Y nada más. Canal Sur (la de ellos), Telemadrid y la televisión extremeña me robaron el 90% de mis derechos de autor. Jamás los cobraré. Perdidos están, como se perdió Cuba.

Sin embargo, me alegra saber que Teddy Bautista, alto directivo y presidente de la SGAE desde el año 83 del siglo pasado, se puede retirar con un sueldo mensual de 24.500€. Unos 300.000€ anuales, más primas. 50 millones de pesetas al año; 4 millones y pico de pelas al mes. Una buena pensión, no creen ustedes? Y la verdad es que se la merece, porque un artista de su calibre, que se metió en el grupo Los Canarios, cuyo mayor aportación a la Historia de la Música fue ponerle hace 40 años una batería y un bajo eléctrico a Las Cuatro Estaciones de Vivaldi (que buena falta le hacían, porque estaban francamente mal compuestas: en qué estaría pensando Vivaldi cuando escribió estos conciertos?), y que luego hizo en Jesucristo Superstar el papel de Judas, que le venía como un guante, se merece esta pensioncita y mucho más!

Que su primera mujer vague por las calles de Madrid con una guitarra y rodeada de perros, pobre de solemnidad, y que se queje -todo por fastidiar al pobre Teddy- de que éste le pase sólo 350€ mensuales, son ganas de fastidiar la vejez de este artista, de este creador insuperable.

Yo me alegro de haber contribuido con el dineral que nunca cobré a mantener alta la cabeza plateada de este genio de la Música, que tanto ha velado desde hace casi 40 años para que los autores menos favorecidos por la mano de las musas podamos tener un rinconcito donde no caernos muertos.

Joder! Todavía estoy por abrir una cuenta solidaria y meter parte de mi sueldecito congelado para que Teddy no pase frío; para que no pase apuros; y, sobre todo, para que el genio siga creando como ha hecho siempre.

Joder! Pobre Teddy!

lunes, 15 de febrero de 2010

Máscaras en Canal Sur.



Desde hace años vengo viendo (primero con recelo, luego con interés y finalmente con pasión) los preliminares, las semifinales y la gran final del Concurso de Agrupaciones del Carnaval de Cádiz: la movida del Teatro Falla, para entendernos.
Aunque soy sevillano, y, por lo tanto, un completo ignorante de las profundidades del Carnaval, me entusiasman las Chirigotas; me emocionan intensamente las Comparsas; me admiro del trabajo de los Coros y busco entre las líneas de sus versos semirrimados el sentido oculto (a veces, explícito) de los Cuartetos. Pero en las cuatro fórmulas encuentro Arte. No sólo por la música, original en una gran parte o con arreglos interesantísimos a veces; ni por los tipos, que en muchas ocasiones son delirantes; sino, y sobre todo, por las letras; por las estrofas, que son como barrancos al final de los cuales se despeña inevitablemente el giro emocionante o ácido, dramático o descojonante que todas las agrupaciones se encargan de regalarnos cada año.

Pienso desde hace décadas (yo ya cuento mi vida por décadas) que la única forma de hacer posible el Arte consiste en mantener dos terribles aspectos enérgicamente vivos: a) ausencia de recompensas materiales; y b) ganas de gritar el propio dolor. En Cádiz, qué quieren ustedes que les diga, salvo alguna chirigota que dé tres o cuatro galas malpagadas, casi nadie saca beneficio económico significativo de estos afanes; algunos músicos viven algo mejor que antes por haberse dado a conocer como compositores o letristas a través del Carnaval, pero no viven del Carnaval. Al contrario: les cuesta una pasta hacerse esos disfraces, a veces sorprendentes. Y no sólo les cuesta dinero, sino, sobre todo, tiempo: tiempo robado a su familia, al sueño, a otras aficiones.
Y en cuanto a las ganas de gritar el propio dolor, no es ni momento ni lugar para reflexionar sobre los niveles de paro de la Ciudad de los Tres Mil Años, quizás los más altos de Europa; ni del cierre de Astilleros; ni de la especulación urbanística; ni de... enfín: de verdad quieren ustedes que hable de ello? No, verdad? Gracias! Sólo poner en claro que si alguna ciudad de España puede gritar con dolor, ésa es Cádiz.
De manera que los dos requisitos para que surja el Arte están presentes en Cádiz desde las Saturnales romanas hasta la actualidad, habiéndose sobrepuesto a todas las estúpidas prohibiciones y bandos en contra de su celebración por parte de las instituciones: la Iglesia y los políticos particularmente.

Tenemos, pues, una manifestación verdadera y genuínamente popular que no está sujeta a límites morales, que no tiene que arrodillarse ante un Ministerio del Carnaval que la subvencione y por lo tanto la conduzca (como sí pasa con el Cine) allí donde quieran los técnicos del Ministerio; la crítica mordaz, feroz a veces, que estos artistas muestran sin piedad desde las calles de Cádiz al escenario del Falla es inherente a la propia fiesta gaditana; sin ella, Cádiz sería como Tenerife, Río o Venecia: un simple baile de máscaras.

Pero no sólo es un baile de máscaras.

Un tesoro de este calibre no se encuentra, creo yo, en ningún otro rincón del Planeta. No existe en el mundo un crisol como éste, en el que se funden los sinsabores, las penurias económicas de los de infantería, el drama en la propia familia, la denuncia de lo ridículo, el espanto de la guerra, el dedo puesto en la llaga de la Política, el grito en voz alta de los abusos del Poder. En definitiva: aquí es donde realmente habla la Voz del Pueblo.
Y cómo lo trata la televisión pública andaluza? Aparentemente, con mimo. Desde que Canal Sur (la de ellos) retransmite en directo y en diferido las actuaciones de comparsas y chirigotas, ha crecido exponencialmente el interés del resto de los andaluces por esta fiesta gaditana; incluso en otras provincias se han creado coros y chirigotas con la pretensión de competir con los originales. Esto ha -digamos- universalizado a Cádiz, al mismo tiempo que ha convertido a los gaditanos en modelo expresivo a la hora de construir una chirigota o un coro.
Ahora los sevillanos podemos hablar del Selu, del Yuyu, del Vera, de Julio Pardo, del Sheriff; sabemos quién fue Paco Alba, cuándo las chirigotas empezaron a ser comparsas; nos resultan familiares el Tío la Tiza, la Tía Norica, la Caleta, Puerta Tierra y muchos rincones de Cádiz que ni siquiera hemos visto. En este sentido, Canal Sur (la de ellos) ha hecho mucho por el Carnaval. Mucho. Pero...

Yo creo que las agrupaciones se merecen un trato más serio. Me refiero a que, tras las bambalinas, los presentadores se dirigen a ellos como si fueran chuflas: les tiran de los flecos del disfraz; les hablan de tú; los tratan como a ganado. La televisión, desde siempre, ha desnaturalizado todo cuanto toca; pero hay actitudes que no pueden tolerarse: no se puede estar haciendo publicidad constantemente de los puñeteros politonos del móvil; especialmente si aún no ha terminado su actuación la chirigota que está cantando; no se puede presentar cada agrupación pretendiendo ser gracioso cuando no se tiene ni puta gracia; no son los presentadores quienes tienen que sorprendernos con sus ocurrencias, especialmente porque no suelen ser ocurrentes. Ítem más: la mayoría de los que nos muestran el Carnaval gaditano son personajillos del mundo de la Prostitución, también conocido como de los programas del corazón; les ofrecen el micro y el primer plano a gentuza que será estudiada en los libros de Sociología del futuro con extrañeza y asco pero que ahora gozan de privilegios sin límites.

Con quiénes se creen estos alfeñiques morales que están tratando? Cómo se atreven a flanquear al Vera, sudoroso tras la extraordinaria actuación de su chirigota, y minimizarlo con preguntas carentes de interés? Con qué derecho lo tratan como si fuera un chufla? Es que no ven que se encuentran ante la presencia de un genio?
Y qué cojones pinta Teófila, la alcaldesa -sin disfraz, para colmo-, en directo? Qué coño hace ahí el comecanapés de turno del PSOE, chupando cámara? Qué carajo hacen éstos de Canal Sur (la de ellos) prestando la Voz del Pueblo a los políticos, precisamente en Carnaval? Es que quieren hacernos creer que el Carnaval de Cádiz lo sustentan ellos? A qué viene este paternalismo? Es que no pueden quitarse de enmedio ni siquiera en carnaval? Qué coño pinta un político hablando de su puto partido mientras se recorta su anodina figura sobre el luminoso fondo del divino escenario del Falla? Dios, cuánto estómago agradecido! No puedo sufrir cómo los locutores dan un trato infamante al Selu (como si fueran de la misma especie que él!), mientras, por el contrario, le cepillan la caspa del hombro a la Consejera de Cultura!

Qué asco, picha!

Ojalá tuviéramos en nuestra televisión pública (lo de pública es ya de risa) algún profesional que estuviera imbuido del espíritu del Periodismo en vez de tanta guarra y tanto futbolista borderline; ojalá los chuflas de la Consejería de Cultura nos tomaran en serio de una puta vez a los andaluces y nos trataran no ya con respeto, sino, en el caso de los autores del Carnaval de Cádiz, con veneración. De rodillas se tendrían que postrar! De rodillas, ante la presencia de un letrista, de un arreglista, de un compositor o de quienes diseñan los tipos! Porque un locutor de Canal Sur (la de ellos), siendo -como es- un paniaguado de la Junta de Andalucía, debería tomar conciencia de su triste y sumisa vida, y darse cuenta de que cuando entrevista a una agrupación de las que salen en el Falla, no está dirigiéndose solamente a albañiles, a pescadores o a parados de los Astilleros, sino que se encuentra ante la terrorífica, la espectral, la religiosa presencia del Arte.

viernes, 5 de febrero de 2010

Cletus, o el insulto habitual.


Desde muy pequeño he sido un extasiado telespectador. La televisión me encanta. Y cada vez que leo o escucho la injustísima expresión "la caja tonta" refiriéndose a la tele, me duele como si lo dijesen de una amiga o de una antigua y deliciosa amante. Cómo puede alguien llamar tonta a la televisión? Como si ese luminoso balcón que da al Universo fuese responsable de los parásitos que circunstancialmente lo habitan!

Aunque también, desde antes de que muriera Franco, estoy acostumbrado (en realidad, quiero decir que no me acostumbro) a contemplar con creciente indignación cómo todos los chorizos, las putas, los macarras, las mariconas de pluma loca, las chachas y los borderlines que aparecen en las series televisivas (españolas y norteamericanas) hablan con inconfundible acento andaluz.

Que las criadas o chachas hablaran andaluz fue un desgraciado pero innegable reflejo de la situación real que vivimos entre los 60 y los 90 en España: las andaluzas y extremeñas, emigradas junto a sus maridos a Cataluña, a Madrid o a cualquier punto del rico y mimado Norte español (Euskadi y Cataluña principalmente: los que han sabido extorsionar al Estado del que reniegan), se ponían a trabajar limpiando escaleras; o de chacha en las casas bien de la España favorecida por todos los regímenes desde Fernando VII hasta Felipe y Aznar (sin olvidar a su mayor benefactor: Franco, el personaje histórico que más ha hecho por Euskadi y Cataluña).

Ahora las chachas son ecuatorianas o bolivianas, amén de filipinas y otros exotismos, y no hablan con acento andaluz. Pero en el inconsciente colectivo queda nuestra habla andaluza como el acento adecuado para dotar de contenido superficial o tildar de prescindible a determinados personajillos que pululan por todas las series españolas, y que indefectiblemente son o el policía payaso o el maricón frívolo; o la puta repintada o el subnormal gracioso. De cualquier modo, nunca, jamás de los jamases hay un personaje principal, responsable y serio, que hable en andaluz: por lo visto, no sería creíble.

He detectado ya tantos de estos personajes, que no sabría cómo refrescar la memoria de ustedes. Pero en esta ocasión quiero hablar de Cletus, el paleto oficial de la extraordinaria serie Los Simpsons, que veo a diario aunque repitan los capítulos una y otra vez.

Cletus es una especie de campesino/pueblerino/paleto, zafio y sucio como él solo; está emparejado (dudo que casado) con Brandine, otra ceporra de mucho cuidado con la que ha tenido -eso parece- 26 hijos. Viven en una casa destartalada, sucia y miserable y se alimentan con basura y restos imposibles de contemplar como alimento. Carecen de una mínima educación básica; no saben leer ni escribir, ni falta que les hace; tratan a los hijos como bestias, siendo ellos mismos bestias. Digamos que, en el microuniverso que es Springfield, ocupan el peor de los estratos posibles: el más abyecto; el más bajo; están, digamos, más allá del límite de lo Humano.

Y cuál es el acento que tienen? Qué habla inconfundible los distingue del resto de los personajes? Qué color se les ha ocurrido a los directores de doblaje que sería el más indicado para caracterizarlos como lo que son: tarados? Pues, cómo no: el habla andaluza!

Se imaginan ustedes a estos mismos disminuídos psíquicos, a estos tarambanas sociales, hablando con acento catalán? O a Snake, el patibulario delincuente habitual de la misma serie, que siempre va con su escopeta de cañones recortados en ristre, farfullando frases en euskera? Por qué no? Los vascos, desde hace 40 años hasta hoy, no han destacado por su Arte o su Literatura, sino por los mil asesinatos y los cientos de secuestros; por los miles de extorsiones y los centenares de hazañas sangrientas y cobardes; no sería extraño entonces que Snake o el Actor Secundario Bob intercalaran en sus intervenciones algún "txakurra" o se citaran en la "herrikotaberna", o llamaran "gudari" a alguien de su entorno; o, enfín, utilizaran cualquier otro artificioso neologismo de los muchos que los vascos han inventado en los últimos 20 años junto a su impracticable idioma.

O que Montgomery Burns (uno de mis personajes favoritos) hablara en catalán o con un profundo acento catalán; sería maravilloso que le dijera a su ayudante mientras se asoma a la balconada de su central nuclear, mezclando catalán y castellano: "Smithers: nosaltres podem dominar el mundo!"

Por qué no exigir que estos personajes de ficción, estos que son carne de cárcel, o aquéllos otros que sirven de hazmerreír como secundarios; o las que salen como putas desquiciadas de los nervios; o los sinvergüenzas de oficina; o la gente del hampa en general, hablen con cualquiera de los otros acentos posibles que caracterizan a los españoles? Por qué no ejercer el derecho a exigir que en los próximos 30 años los doblen con la descoyuntada sintaxis vasca, con la melodía gallega o con la petulancia catalana? Si eso se hiciera... Ay, amigo mío, si empezaran a doblarse estos personajillos con deje catalán o vasco! Al día siguiente de la primera emisión del capítulo estaría Carod-Rovira, con su corona de espinas, metiéndole fuego a las empresas de doblaje! Y el lendakari que volvió al frío resurgiría de su sarcófago jesuítico para volver a hablarnos de él en una mística tercera persona diciendo que "el exlendakari no puede tolerar esta agresión al sentir vasco (sic)" y demás monsergas con espatadantzaris volando ante las propias narices.

Ya está bien de soportar estos insultos! Ya está bien de recibir a diario, en todos los canales, públicos y privados, la bofetada subliminal con la que nos recuerdan a los andaluces que somos el payaso tonto y que no tenemos derecho a quejarnos de recibirlas una y otra vez! Con qué político gilipollas hay que hablar en el Parlamento andaluz para que alguien con recursos y vía libre tome de inmediato cartas en el asunto? Hay que ir a Bruselas a quejarse de este insulto diario? A quién hay que avergonzar en los medios de comunicación para que se tomen medidas de inmediato contra este sapo con el que tenemos que desayunarnos cada día?

Ya tenemos bastante con que se nos obvie diariamente en las previsiones meteorológicas! Que cae nieve en un pueblo de Burgos y allá que van los equipos de reporteros como si en Burgos vieran la nieve por primera vez. Y si llueve en Barcelona... Dios de mi vida, si llueve en Barcelona! El despliegue técnico para comprobar que los barceloneses usan paraguas de Loewe es inmediato. Ahora bien: si hay un temporal que se lleva por delante un barrio de Cádiz, ya puede haber muertos que lo convierten en una mera reseña.
Ya tenemos bastante con que se nos obvie meteorológicamente, pese a ser la mayor región española y la más poblada; pero además tener que aguantar en las series el insulto diario...

Yo soy andaluz. Y no soy un macarra, ni un atracador, ni una puta, ni un payaso ni un imbécil! Y aunque lo fuera, no estoy dispuesto a admitir el habla andaluza, la realidad andaluza como la única fuente posible de la que nutrir a estos personajes marginales! O se acaba con la ignominia, o tendré que retar a duelo, tras la iglesia de San Roque, con florete y al amanecer, al Defensor del Pueblo Andaluz, que con seguridad, y después de los 14 años que lleva en el cargo permitiendo este abuso subliminal, se ha convertido -éste, sí- en un personaje sin dignidad: y, para mi vergüenza y la de todos, con un extremado acento de mi tierra.

miércoles, 20 de enero de 2010

Haití no tiene nombre

Lo que conocemos como Italia no es sólo el contorno caprichoso en forma de bota, rodeado de aguas mediterráneas y recortado por unas fronteras al norte con Francia, Suiza, Austria y Eslovenia; ni podemos llamarla Italia porque nos sigan llegando noticias rocambolescas de Berlusconi, ese güisquero cada día más parecido al inolvidable Al Capone de Robert de Niro en Los Intocables de Eliot Ness. Italia, aunque hubiera sido destruida por el terremoto más terrible de la Historia; aunque sus palacios asombrosos, sus iglesias bellísimas, sus ruinas romanas erguidas hubieran sido destrozadas y diseminadas en un marasmo de piedras indefinibles; aunque sus obras de Arte inigualables y sus extraordinarios teatros hubieran desaparecido, aún podría seguir siendo llamada Italia. Sencillamente porque, pese a los cientos de miles de muertos, aún conservaría el concepto de Estado y, cómo no (y pese a perder para los restos esa cúpula de Miguel Ángel), la integridad conceptual de la Iglesia Católica.

Pero si Italia, con toda su Historia a cuestas (que, gracias al Derecho Romano, es nuestra Historia: la de Occidente), y manteniendo sus calles abiertas, sus fuentes barrocas, sus tiendas de moda y su gastronomía, siguiera por esa línea triste por la que marcha desde hace décadas y acabara borrando las lindes del Estado y las sustituyera definitivamente por las leyes de la Maffia y la Camorra; si Italia abandonara su orgullo por acoger dentro de sí al Estado Vaticano -que tanto interés tiene por seguir siendo víscera animada del Lacio-, Italia no tendría derecho a tener nombre propio. Sin Estado, sin Iglesia (es decir: sin contrato social y sin miedos organizados), caería de lleno en la ley de la selva, convirtiéndose, de facto, en un territorio prenominal (de pre-nomos; en el sentido lato del término: anterior a las normas morales o políticas).

Lo primero que me llamó la atención del espantoso terremoto que ha sufrido lo que se conoció como Haití fue, además del horror de la muerte y el espanto de aquéllos que han sobrevivido, que los edificios del Parlamento y la Catedral habían sido destruidos absolutamente. Los haitianos, además de haber sufrido la muerte repentina de entre doscientos y trescientos mil compatriotas; además de haber perdido sus casas y sus pobres enseres; además de encontrar destrozados sus puentes, sus carreteras, su aeropuerto y sus pocos hospitales, se han quedado sin Gobierno y sin Iglesia. No hablo figuradamente; digo que físicamente han perdido su Parlamento y su iglesia Catedral. El Presidente del Gobierno haitiano se ha librado por los pelos; y nada sabemos de sus autoridades eclesiales. Cientos de políticos han desaparecido bajo los escombros, y el Estado haitiano ha sido descabezado por un temblor de tierra brutal. No hay autoridades políticas; no hay gobierno provisional. Sólo hay espanto, sed, saqueos y cadáveres en descomposición.

España, con su relajadísima política colonial, permitió que en las calas de La Española se instalaran bucaneros, filibusteros y piratas de todo jaez, principalmente franceses. Luego, Francia exigió que esas poblaciones de habla francesa (todas ellas dependientes de la piratería y el contrabando) tenían derecho a declararse ciudadanos franceses. España cedió a Francia el territorio en un tratado. Luego, los esclavistas franceses llenaron la isla de africanos, y los machacaron como sólo lo saben hacer los franceses; y, claro, los esclavos acabaron rebelándose. Finalmente, hace doscientos años, tras una guerra sangrienta, los esclavos proclamaron su independencia de Francia y crearon el Estado de Haití, que ha sido paradigma de desorganización, crueldad entre ellos mismos y espantos dictatoriales hasta antesdeayer.

En los últimos 60 años, los haitianos han acabado con la casi totalidad de sus bosques, dejando el territorio prácticamente desertificado; las lluvias terroríficas de hace pocos años han sido una consecuencia de esta deforestación inusitada. Y la debilidad del terreno, a costa de este desastre natural, ha multiplicado las consecuencias del terremoto. En definitiva: una cadena de catástrofes que podían haberse minimizado de haber tenido un plan de vida, una organización política mínima.

Pero no ha sido así. Ahora, hay trescientos mil cadáveres sin nombre, cuya memoria desaparecerá cuando mueran aquellos que los recuerdan, pues no hay un Estado que organice un censo. No hay siquiera una Iglesia que escriba sobre pequeñas cruces de madera los afrancesados nombres de los muertos; ni siquiera hay madera para hacer cruces. Los haitianos que han muerto no podrán ser recordados por sus nombres; ni siquiera podrán estar oficialmente muertos, pues no hay un organismo que pueda dar fe de la propia desgracia; no existe ya un órgano administrativo que pueda asegurar que ya no están entre los vivos.

Haití creó el concepto de zombi, con esa práctica cruel que consistía en hacer pasar por muerto a quien tan sólo está envenenado, con el fin de desenterrarlo la misma noche de su entierro y volverlo a la vida: a la vida física, claro, pues las funciones cerebrales quedaban destrozadas para los restos. Estos pobres desgraciados, estos zombis auténticos, eran utilizados como mulas de carga en las plantaciones, anulada su voluntad y alejados de sus familias. A veces, alguno escapaba involuntariamente y se descubría la artimaña. Ahora, los supervivientes a la catástrofe, vagan como zombis entre los escombros, en estado de shock y sin saber hacia dónde dirigir sus pasos, pues no hay un lugar que pueda mejorar su condición; ni siquiera la muerte, porque morir –allí, hoy- no garantiza la propia desaparición, ya que para morir de verdad hace falta tener un Estado; o, al menos, una religión organizada.

Los Estados Unidos han enviado tropas, pese a Francia y sus paños calientes. Ojalá, cuando comiencen las reuniones al más alto nivel para decidir qué hay que hacer en la parte occidental de la isla destrozada (no me atrevo a llamarla Haití), además de enviar medicinas, alimentos, mantas, y luego arquitectos, ingenieros, médicos y organizadores sociales, decidan dotar a los pobres supervivientes de un Estado; la Iglesia sobra, desde mi punto de vista, y no sería un mal experimento que desapareciera institucionalmente; pero el Estado… El Estado es lo único que permite conocer a los territorios por su nombre propio. Haití deberá ser renombrada. Porque Haití, desde el 12 de enero de este año 2010, no tiene Estado; y, por lo tanto, Haití no tiene nombre.


Eduardo Maestre.

lunes, 11 de enero de 2010

Matadme ya, por Alá!

Hace unos pocos años, atravesar el aeropuerto de Heathrow era ya una pesadilla: controles constantes; cámaras que conseguían fotografiarte con aspecto carcelario; cinturones fuera, cinturones dentro; monedas, reloj, móvil para arriba; monedas, reloj, móvil para abajo…

Se recrudeció, sin embargo, hace ahora un año; y en el mismo aeropuerto de San Pablo, el de Sevilla, me echaron para atrás un bote de fijador. Tan tajante fue la comedieta que viví, con una mujer policía como partenaire, que ella misma me recomendó echar un pegote de fijador en una servilleta del bar del aeropuerto y guardar el engrudo, a fin de poder peinarme cuando llegara a mi destino a media mañana. Y allá fui yo, volando sobre la piel de España, con un pegote de Giorgi Extra Fuerte enfangando tres servilletas superpuestas, dentro de mi neceser, amenazando con pringar todo mi equipaje. Por fortuna, y gracias a que la mujer policía se quedó mi bote de fijador nuevo y enterito, el avión se libró de estallar en pleno vuelo.

Ahora, gracias al enfermo mental que intentaba meterse fuego en las babuchas para destruir el mundo, ese grandísimo hijo de puta cuyo inquietante nombre es Tarik Raja, las cosas se han puesto de un color caoba insufrible. Ya se frotan las manos los fabricantes de escáneres con Rayos X, y hay que limpiarles la baba que anega las mesas de sus despachos, pues ven venir mugiendo las vacas gordas desde Sri Lanka. Nos van a desnudar sin quitarnos la ropa; vamos a mostrar las mollas para nuestra vergüenza; y además, habrá que renunciar a llevar vinos, botes de perfume, el indispensable fijador para los que tenemos el pelo de los cinco Jackson Five juntos; hay que decir adiós a las cremas de queso o a cualquier producto líquido o untuoso. Ítem más: habrá igualmente que deshacerse por unos momentos de las monedas, el móvil, las llaves, las gafas, el riñón artificial, la prótesis de cadera y, si uno forma parte del equipo directivo de la Delegación Cultura de la Junta de Andalucía, el alargador de pene.

Merece la pena este calvario? Porque lo que está claro es que Occidente no se va a convertir al Islam de hoy para mañana, pese a la política sacrificial de Zapatero (ahora, para nuestro bochorno, Presidente de la Unión Europea: Dios mío, qué vergüenza; ahora sí que vamos a ser la rechifla de Europa!), dispuesto sin arrepentimiento alguno a convertirnos en corderos silenciosos que estiren el gaznate sin poner pegas para celebrar un Ramadán sin límites.

No: no nos vamos a convertir al Islam. Cómo vamos a hacer algo así? Si no somos ni para ir a misa los domingos! Si la Misa del Gallo es ya una cosa de catequistas! Si estamos iniciando el camino a la libertad interior, por fin: cómo vamos a convertirnos al Islam? Porque no debemos olvidar que el objetivo de los fundamentalistas no es otro que ése: o nos convierten, o nos aniquilan. No lo digo yo, sino Alcaeda (disculpen que lo escriba en castellano: la q, seguida de a, no me acaba de cuadrar; especialmente viviendo cerca de Alcalá, habiendo ahorrado de pequeño en una alcancía y pudiendo comprar alcachofas en el mercado de abastos o en la misma Alcaicería).

Y si es evidente que no nos vamos a convertir al Islam, y cada viaje en avión (y pronto en tren; y luego en barco: ya lo verán) va a suponer un suplicio, un retraso de tres horas, un temor constante a ser descubiertos sin tener nada que ocultar; si cada embarque va a suponer decir adiós a mis afeites, a mis vinos, a mis quesos de pasta blanda; si además de convertirme en un nuevo Houdini (quítate el cinturón sin soltar el abrigo, póntelo, vuélvetelo a quitar, pon ahí tus objetos, corre, que se va la bandeja, dónde cojones están mis gafas), tengo que acabar enseñando mis vergüenzas a tres funcionarios uniformados, pues qué quieren que les diga: prefiero correr el riesgo de estallar por los aires.

Aunque, viendo el derrotero que está tomando esta guerra mundial encubierta; y sabiendo –como sé- que todo es susceptible de empeorar, me imagino un futuro inminente en el que subirse a los autubuses urbanos supondrá un suplicio parecido, lleno de pantalones cayéndose y mollas a la vista de todos; coger el Metro (aunque sea el de Sevilla, que es como el de los clicks de Famóbil) para ir desde Mairena del Aljarafe hasta Plaza de Cuba supondrá un calvario de tres horas como sospechoso habitual y trece minutos de recorrido real. Las empresas de seguridad fomentarán la construcción de mezquitas, y desplazarse será un martirio que ríase usted del de San Sebastián; empezarán a crearse movimientos sociales que decidan ir desnudos para tardar menos en sus desplazamientos, y empresas que alquilarán capotes grandes que los usuarios más pudibundos dejarán a pie de autobús; las farmacéuticas desarrollarán unos medicamentos que nos harán más resistentes a los nocivos efectos de los Rayos X, y las muertes producidas por los terroristas islámicos se aceptarán como se aceptan hoy los accidentes de tráfico.

No quiero vivir así, de rodillas, enseñando mis partes nobles, abandonando mi fijador y mis botellas de rioja a la rapiña de los funcionarios de los aeropuertos; no quiero vivir con tanto miedo a estos enfermos mentales que ocultan el cuerpo y castran la espontaneidad de sus mujeres. Prefiero, hasta que estallen las próximas babuchas conectadas a un explosivo, vivir en libertad. Y si en pleno corazón de Occidente ya no se puede aspirar a eso, desde este momento les grito a estos desgraciados que acaben ya conmigo.

Matadme ya, por Alá!


Eduardo Maestre.